EL LAST DANCE VENGATIVO EN EL FEYENOORD


A hombros de Wijnstekers y Brarden en
su despedida triunfal en mayo de 1984.


El último baile de Johan fue otro exitoso acto de rebeldía más. Después de romper con su Ajax con 36 años fichó de manera sorprendente por el eterno rival holandés para darse un último gusto.

Texto Xabier Rodríguez
Fotografía Archivio Nacional Países Bajos

El Ajax de Amsterdam ha hecho méritos para ser uno de los clubes más admirados del continente. Al fin y al cabo, ganar cuatro Copas de Europa, tener una de las canteras más prolíficas y ser reconocidos como los padres del fútbol total no son logros al alcance de cualquiera. Pero también cuenta con alguna que otra mancha a lo largo de su historia y lo ocurrido con Cruyff en 1983 podría estar en lo más alto de esa lista.

No me refiero al hecho de dejar marchar a tu mejor jugador, que errores similares podemos encontrarlos en muchos clubes y cualquiera hubiera estado tentado de tomar esa decisión cuando tu estrella cuenta con 36 años y tienes en el equipo a jóvenes como Vanenburg, Rijkaard o Van Basten. También estaba el tema de la taquilla, que Cruyff tenía firmado que recibiría la mitad de la recaudación a partir de los 10.000 espectadores y a esas alturas, a más de un dirigente le debía parecer que el acuerdo les estaba saliendo demasiado caro.


ÚLTIMO PARTIDO
Su último encuentro con el Feyenoord el 13 de mayo de 1984. 
Foto de Bob Bogaerts.

Pero todo buen dirigente debe saber que enfadar a un carácter como el del astro holandés tiene consecuencias imprevisibles y si diez años antes, quitarle la cinta de capitán había terminado por decidirle a firmar por el Barcelona, alguien debió haber avisado al presidente del Ajax de que era mejor llevar el tema con discreción y no hacer declaraciones del tipo “Cruyff ya no tiene nivel para jugar la Eredivisie”. Puede que en la directiva sólo pretendieran presionar al jugador para que aceptara un contrato a la baja, pero la ira y la venganza son dos de las fuentes de energía más potentes y con comentarios de ese tipo, consiguieron despertar las dos nada menos que en Johan Cruyff.

Por eso, la rueda de prensa que dio el 15 de junio de 1983 junto al presidente del Feyenoord para anunciar su fichaje por el máximo rival, cayó como una bomba en los Países Bajos. Olviden a Figo, el traspaso de Gareca y Ruggeri de Boca a River o el fichaje de Mo Johnston por el Rangers. Hablamos del mejor jugador europeo de la historia, totalmente identificado con el Ajax, anunciando su marcha al Feyenoord. Y no, el país no estaba preparado para semejante noticia.

También había quien no veía bien que utilizara al 
Feyenoord para vengarse del Ajax y quien devolvió el 
carnet de socio al enterarse de la noticia. En el primer 
partido en casa, algunas pancartas dejaban claro: 
"Feyenoord for ever, Cruyff never"

El presidente del Feyenoord reconocería más tarde que aquella rueda de prensa fue la primera vez que se encontró cara a cara con Cruyff. También reconoció que no pensó si el fichaje sería bien recibido por los aficionados del club. Porque en el Ajax no podían creer que Cruyff se marchara al máximo rival, pero la sorpresa que provocó entre los hinchas del Feyenoord no fue menor. Habían sido muchos años odiando a ese número 14 tan arrogante y que les había hecho perder tantos títulos. También había quien no veía bien que utilizara al Feyenoord para vengarse del Ajax y quien devolvió el carnet de socio al enterarse de la noticia. En el primer partido en casa, algunas pancartas dejaban claro el sentir de los aficionados. "Feyenoord for ever, Cruyff never", decía una de ellas.

Pero, si había un futbolista a quien no le iba a afectar semejante presión, ese era, sin duda, Johan Cruyff. Él era un profesional, había fichado por uno de los grandes equipos del país y sí, puede que llevaran nueve años sin ganar un título, pero la temporada anterior le habían disputado la liga al Ajax hasta el último partido y contaban con jugadores interesantes, como el portero Joop Hiele, defensas del nivel de Wijnstekers o Van de Korput, un goleador como Houtman y un prometedor mediapunta de nombre Ruud Gullit. Además, su suegro y representante se había asegurado de mantener la cláusula del contrato que le garantizaba parte de la taquilla. Y si el viejo De Meer no llegaba a los 20.000 espectadores, el estadio De Kuip de Rotterdam contaba con capacidad para 70.000 y eso significaba que, una buena temporada del Feyenoord, podía resultar muy rentable para Cruyff.

Su influencia sobre los jugadores fue inmediata y los resultados del equipo acompañaron desde el principio. En las primeras seis jornadas, ganaron cinco partidos y empataron uno sólo, marcando 18 goles en total. Entonces llegó el día de volver a jugar en Amsterdam. Y si cada temporada el partido entre Ajax y Feyenoord se espera con ansiedad, aquel año los hinchas del Ajax sólo tenían en mente la vuelta de Cruyff.

Por suerte para ellos, todo fue de cara y los jóvenes que habían cubierto el vacío dejado por el astro, lograron una contundente victoria. Un histórico 8-2, con tres goles de Van Basten, dos del danés Jesper Olsen, uno de Peter Boeve y otro de Koeman, que suponía un fuerte golpe encima de la mesa del Ajax.

Mientras los futbolistas del Feyenoord se sentaban 
cabizbajos en el vestuario, él entró con tranquilidad, como 
si el equipo no acabara de recibir la mayor paliza en la 
historia de un clásico. "Sólo han sido dos puntos", dijo. 

Cruyff estuvo bastante desacertado aquel día, pero resultó fundamental una vez terminado el partido. Porque, mientras los futbolistas del Feyenoord se sentaban cabizbajos en el vestuario, él entró con tranquilidad, como si el equipo no acabara de recibir la mayor paliza en la historia de un clásico. Miró a los jugadores y les dijo que no se preocuparan, que sólo habían perdido dos puntos. Por la noche apareció en el programa deportivo de la televisión nacional y repitió el mensaje: "Sólo han sido dos puntos. Los premios se entregan al termino de las 34 jornadas. Sólo esperen y verán".

Podía sonar arrogante, pero Cruyff sabía muy bien lo que decía. Sabía que aquel equipo estaba jugando bien y que sólo necesitaba unos retoques. Porque, después de aquella derrota, el Feyenoord encadenó 15 partidos de liga sin perder, pero Cruyff era ya un jugador veterano y necesitaba un poco de ayuda en defensa. 

Encontró la solución sustituyendo a uno de los preferidos de la afición, el extremo Vermuelen, por Stanley Brard, un lateral de corte defensivo. El equipo perdía capacidad ofensiva, pero ganaba en equilibrio y permitía a Cruyff centrarse en su labor creativa. Brard había disputado únicamente 50 minutos en toda la liga, pero fue titular a partir de la jornada 18. Y fijense lo que era el fútbol holandés en los ochenta, que Brard tenía un contrato de media jornada con el Feyenoord y cuando no jugaba al lado de Cruyff, ejercía como profesor de educación física en un colegio de Rotterdam.

Si se lo están preguntando, el entrenador del Feyenoord no puso ninguna objeción al cambio. A quien no gustó fue a los aficionados y aunque todos sabían que era era Cruyff quien estaba detrás de la decisión, Brard era abucheado cada vez que cometía un error y la prensa atacaba al entrenador por poner a un lateral en la posición de extremo. Por el camino, el Feyenoord siguió ganando partidos, vengaron la derrota con el Ajax en el partido de vuelta y los eliminaron también de la copa holandesa.

Tal y como había dicho Cruyff en televisión, al termino de las 34 jornadas el Feyenoord había logrado el doblete de liga y copa y él fue galardonado con la bota de oro al mejor jugador por la revista Voetbal International. Cuando el arbitro pitó el final del último partido de liga, Cruyff saludó al público y se marchó al vestuario. Acababa de cumplir 37 años, ya no se sentía capaz de jugar al nivel que él mismo se exigía y había decidido poner fin a su carrera como futbolista. 

En el Feyenoord todavía queda algún aficionado que no acepta el paso del astro por el club, pero lo cierto es que, desde entonces, no han repetido el doblete. En Amsterdam, por su parte, el golpe debió doler, pero en la directiva del Ajax también tomaron conciencia de su error, porque, un año más tarde, Cruyff volvía al club como entrenador. Con el tiempo, los recuerdos de aquella temporada se han ido diluyendo bajo el peso del enorme legado de su número 14. La venganza de Johan salió perfecta, pero, seamos honestos, hay que ser Cruyff para jugarse semejante órdago.

***

Portato in trionfo da Wijnstekers e Brarden
durante il suo glorioso addio nel maggio 1984.


L'ULTIMO BALLO DI RIVINCITA AL FEYENOORD

L'ultimo ballo di Johan fu un altro atto di ribellione coronato dal successo. Dopo aver lasciato l'Ajax a 36 anni, firmò a sorpresa per l'eterna rivale olandese per concedersi un ultimo piacere.

Testo Xabier Rodríguez
Fotografia Archivio Nazionale Paesi Bassi


L'Ajax di Amsterdam si è guadagnato il diritto di essere uno dei club europei più ammirati. Dopotutto, vincere quattro fra Coppe dei Campioni (3) e Champions League (una), avere uno dei vivai più prolifici ed essere riconosciuti come i padri del calcio totale non sono risultati alla portata di chiunque. Nella sua storia però ci sono anche delle macchie ed è ciò che nel 1983 accadde con Johan Cruijff potrebbe essere in cima a quella lista.

Non per aver lasciato andare il proprio miglior giocatore, poiché errori simili si possono riscontrare in molti club e chiunque sarebbe stato tentato di prendere quella decisione quando la propria stella ha già 36 anni e in squadra ci sono giovani come Gerlad Vanenburg, Frank Rijkaard o Marco van Basten. C'era poi anche la questione degli incassi: Cruijff aveva firmato un contratto in base al quale avrebbe ricevuto la metà degli introiti al botteghino a partire da un'affluenza di 10.000 spettatori e, a quel punto, più di un dirigente deve aver pensato che l'accordo stesse diventando troppo oneroso.

ULTIMA PARTITA
La sua ultima gara con il Feyenoord il 13 maggio 1984.
Foto di Bob Bogaerts.

Ma ogni buon dirigente dovrebbe sapere che far arrabbiare un personaggio come la stella neerlandese comporta conseguenze imprevedibili e se, dieci anni prima, non confermargli la fascia di capitano lo aveva spinto a firmare per il Barcellona, qualcuno avrebbe dovuto avvertire l'allora presidente dell’Ajax che sarebbe stato meglio gestire la questione con discrezione ed evitare dichiarazioni del tipo «Cruijff non è più al livello per giocare nella Eredivisie». Forse i dirigenti intendevano solo fare pressione sul giocatore affinché accettasse un contratto al ribasso, ma la rabbia e la rivalsa sono due delle fonti di energia più potenti e, con commenti di quel tipo, sono riusciti a risvegliarle entrambe e nientemeno che in Johan Cruyff.

Per questo motivo, la conferenza stampa tenuta il 15 giugno 1983 insieme con il presidente del Feyenoord per annunciare il proprio trasferimento alla squadra rivale, deflagrò come una bomba nei Paesi Bassi. Scordatevi il caso-Figo (passato dal Barcellona al Real Madrid, ndr), il trasferimento di Gareca e Ruggeri dal Boca al River o l’acquisto di Mo Johnston (cattolico, ex Celtic) da parte dei (Glasgow) Rangers. Stiamo parlando del miglior calciatore europeo della storia, totalmente identificato con l'Ajax, che annunciava il proprio passaggio al Feyenoord. E no, il Paese non era pronto per una notizia del genere.

C'era anche chi non vedeva di buon occhio che (Cruijff) usasse il
Feyenoord per vendicarsi dell'Ajax e chi restituì la tessera 
di socio appena venne a conoscenza della notizia. 
Nella prima partita in casa, alcuni striscioni lo esprimevano chiaramente:
“Feyenoord for ever, Cruijff never”

Il presidente del Feyenoord (Gerard Kerkum, ndr) avrebbe poi ammesso che in quella conferenza stampa fu la prima volta che si trovò faccia a faccia con Cruijff. Ammise anche di non aver pensato se l'acquisto sarebbe stato accolto bene dai tifosi del club. Infatti, all'Ajax non riuscivano a credere che Cruijff se ne andasse alla squadra rivale per eccellenza, ma la sorpresa che suscitò tra i tifosi del Feyenoord non fu da meno. Avevano trascorso anni e anni a detestare quel numero 14 così arrogante che aveva fatto loro perdere tanti titoli. C'era anche chi non vedeva di buon occhio che (Cruijff) usasse il Feyenoord per vendicarsi dell'Ajax e chi restituì la tessera di socio appena venne a conoscenza della notizia. Nella prima partita in casa, alcuni striscioni lasciavano intendere chiaramente il sentimento dei tifosi. “Feyenoord for ever, Cruijff never”, recitava uno di essi.

Ma se c'era un calciatore a cui una simile pressione non avrebbe dato fastidio, quello era Johan Cruijff. Era un professionista, era stato ingaggiato da uno dei grandi club del Paese e sì, forse erano nove anni che quel club non vinceva un titolo, ma la stagione precedente aveva conteso il campionato all'Ajax fino all'ultima partita e contava su giocatori interessanti, come il portiere Joop Hiele, difensori del calibro di Wijnstekers o van de Korput, un bomber come Houtman e un promettente trequartista di nome Ruud Gullit. Inoltre, il suo suocero e agente si era assicurato di mantenere la clausola del contratto che gli garantiva una quota degli incassi. E se la capienza del vecchio stadio De Meer non raggiungeva i 20.000 posti, il De Kuip di Rotterdam ne poteva contenere 70.000, il che significava che una buona stagione del Feyenoord avrebbe potuto rivelarsi molto redditizia per Cruijff.

La sua influenza sui compagni fu immediata e i risultati della squadra lo confermarono fin dall'inizio. Nelle prime sei giornate, il Feyenoord vinse cinque partite e ne pareggiò una, segnando 18 gol in totale. Poi arrivò il giorno di tornare a giocare ad Amsterdam. E se ogni stagione la partita tra Ajax e Feyenoord è attesa con ansia, quell'anno i tifosi dell'Ajax avevano in mente solo il ritorno di Cruijff.

Per loro fortuna, tutto andò per il meglio e i giovani che avevano colmato il vuoto lasciato dalla stella ottennero una vittoria schiacciante. Uno storico 8-2, con tre gol di van Basten, due del danese Jesper Olsen, uno di Peter Boeve e un altro di (Ronald) Koeman, che rappresentò un forte colpo sul tavolo dell'Ajax.

Mentre i suoi compagni del Feyenoord si sedevano
a testa bassa negli spogliatoi, lui entrò con calma, 
come se la sua squadra non avesse appena subìto 
la più grande batosta nella storia del Klassikier
«Sono solo due punti», disse.

Cruijff quel giorno si era sbagliato di grosso, ma a fine partita si rivelò fondamentale. Infatti, mentre i suoi compagni del Feyenoord se ne stavano seduti a testa bassa negli spogliatoi, lui entrò con calma, come se la sua squadra non avesse appena subito la più pesante sconfitta nella storia del Klaissikier. Guardò i propri compagni e disse loro di non preoccuparsi, che avevano perso solo due punti. La sera apparve nel programma sportivo della tv nazionale e ribadì il messaggio: «Sono solo due punti. I titoli si assegnano al termine delle 34 giornate. Aspettate e vedrete».

Poteva sembrare arrogante, ma Cruijff sapeva benissimo cosa stava dicendo. Sapeva che la sua squadra stava giocando bene e che aveva solo bisogno di qualche ritocco. Dopo quella sconfitta, il Feyenoord mise insieme 15 partite di campionato senza mai perdere, Cruijff però era ormai un giocatore anziano e aveva bisogno di un po' di aiuto in fase difensiva.

Trovò la soluzione facendo rimpiazzare uno dei beniamini della tifoseria, l'ala Vermuelen, con Stanley Brard, un terzino dallle caratteristiche spiccatamente difensive. La squadra perdeva in capacità offensiva, ma guadagnava in equilibrio e la soluzione permetteva a Cruijff di concentrarsi sul lavoro creativo. Brard, che sin lì aveva disputato solo 50 minuti in tutto il campionato, divenne titolare dalla 18ª giornata. E pensate a com'era il calcio neerlandese negli anni Ottanta: Brard aveva un contratto part-time con il Feyenoord e, quando non giocava al fianco di Cruijff, lavorava come insegnante di educazione fisica in una scuola di Rotterdam.

Se ve lo state chiedendo, l'allenatore del Feyenoord (Thijs Libregts, ndr) non sollevò alcuna obiezione al cambiamento. A chi invece non era piaciuto erano i tifosi e, sebbene tutti sapessero che dietro la decisione ci fosse Cruijff, Brard veniva fischiato ogni volta che commetteva un errore e la stampa attaccava l'allenatore per aver schierato un terzino nel ruolo di ala. Nel frattempo, il Feyenoord continuava a vincere le partite, vendicando nella partita di ritorno la sconfitta contro l'Ajax e pure eliminandolo dalla Coppa d'Olanda.

Proprio come aveva detto Cruijff in televisione (dopo la gara di andata), al termine delle 34 giornate il Feyenoord aveva conquistato il double campionato-coppa e lui era stato premiato con la Scarpa d'oro di miglior giocatore della stagione dalla rivista specializzata Voetbal International. Quando l'arbitro fischiò la fine dell'ultima partita di campionato (il 13 maggio, ndr), Cruijff salutò il pubblico e si diresse verso gli spogliatoi. Aveva da poco compiuto 37 anni (il 25 aprile, ndr), non si sentiva più in grado di giocare al livello che lui stesso si imponeva e pose fine alla sua carriera di calciatore.

Al Feyenoord ancora oggi c'è qualche tifoso che non accetta il passaggio della stella nel club, ma la verità è che, da allora, il Feyenoord non ha più ripetuto la doppietta. Ad Amsterdam, dal canto suo, il colpo deve aver fatto male, ma la dirigenza dell’Ajax si rese conto del proprio errore, perché, un anno dopo, Cruijff tornò al club ma come allenatore. Col tempo, i ricordi di quella stagione si sono diluiti sotto il peso dell’enorme eredità del numero 14. La rivalsa di Johan è riuscita alla perfezione, ma, diciamolo chiaramente, bisogna essere Cruijff per osare una mossa del genere.


En 1984 frente al AZ Alkmaar salta
sobre el portero Treytel.
Foto de Bob Bogaerts.

Nel 1984, contro l'AZ Alkmaar, 
salta il portiere Treytel.

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