JORDI CRUYFF: «NUNCA TRAÍA EL FÚTBOL A CASA»



El mito y la persona se contaminan. La rebeldía de llamar Jordi a su hijo al que educa en los valores de humildad de vestuario que luego impregnó como entrenador. Jordi Cruyff habla de su padre.

Texto Julio Ocampo
Fotografía Achivo
Revista Líbero
Número 56
Primavera '26

El ansiado debut con el Barça, un par de Premier League con el Manchester United, la homérica final de Copa de la UEFA con el Alavés (derrota 5-4 contra el Liverpool), el Espanyol, ese Celta soberbio de Karpin y Mostovoi o la Eurocopa con la excelsa Holanda de Hiddink, que tanto prometía en 1996. Además, una prematura y dilatada carrera ya como entrenador y directivo en varios equipos, diversos continentes (Malta, Chipre, Israel, China o Ecuador)… Sí, una vuelta al mundo hasta hoy, nombrado recientemente director deportivo de un Ajax que busca recuperar el esmalte pasado. Suya es la responsabilidad que vuelva a escribir en verso, que afine el solfeo.

Efectivamente, Jordi Cruyff (Amsterdam, 1974) cuenta con un sinfín de historias y responsabilidades en su vergel de vida balompédica. Por si fuera poco, también es el hijo de Johan, y está aquí única y exclusivamente para hablar de él. No del vacío que dejó con su muerte, sino el evangelio que predicó en vida. Era un profeta, y eso son palabras mayores.

Se necesita inteligencia, sensibilidad y una profundidad elevada para que el peso de ese apellido torne en ligereza, y eso - como decía el escritor Italo Calvino - es lo contrario a la superficialidad. “Para mí, era simplemente mi papá. Cuando abría la puerta de casa te preguntaba por el colegio, aunque hubiera perdido o ganado 4-0”.

Usted nació en Amsterdam en 1974, cuando su padre ya jugaba en el Barça. Solo él podía llamar a su hijo Jordi durante el Franquismo. El nombre catalan era un sacrilegio.

Algo típico de mi padre. Hacer algo que supuestamente estaba prohibido. Intentaron obligarle a que lo cambiara, pero dijo que no. En el pasaporte estaba registrado como Johan Jordi. No tuvieron más remedio que aceptarlo, porque era un pasaporte extranjero. Sucedió en su momento en una Cataluña donde la gente le agradeció siempre su carácter, rebeldía, personalidad a espuertas… Yo no recuerdo nada, porque acababa de nacer, pero creo que la gente lo agradeció mucho. Eso define el carácter de mi padre, el de “Oye, yo elijo el nombre de mi hijo, y a mí nadie me puede decir nada”. Fue un detalle bonito, sí.

¿Cuánto de fácil o difícil para usted ha sido ser hijo de Johan? 

He pasado por varias fases a lo largo de mi vida. La primera fue cuando intentaron comparar -futbolísticamente hablando - una leyenda, un inmortal, a un mortal. Soy yo, claro, uno que viene, hace sus cosas y se marcha... Luego, viene otro. Mi padre, qué decir... Diez años después de su muerte, la gente sigue hablando de él sin parar. Una persona especial que pasa por la vida. Un elegido.

¿Pero sufrió ese apellido?

Sufrí un poquito de joven. Cuando tienes 14, 15, 16 o 17 años la gente de compara y es imposible de ganar. Pro también es cierto que cuando me marché al Manchester United con 20 años se me pasó todo. Hice las paces con esa idea, acepté la situación. En lugar de sentirme presionado, comencé a sentirme orgulloso de todo lo que había hecho mi padre. Lo vi como una motivación, algo muy positivo de lo que estar superorgulloso.

Para usted, más allá de todo lo que ha representado en el fút- bol, Johan Cruyff era su padre. Sí, futbolista contracultural, gurú después, aura enorme, filosofia, cultura pop, pero pop, pero Johan era su padre por encima de cualquier cosa. Punto. 

Obviamente lo veo desde un ángulo diferente: para mí es mi papá, y mi opinión sobre él es de papá. Sí que veo que muchas leyendas, jugadores y entrenadores en activo aún siguen hablando de todo lo que significó. Recuerdan vivencias de cuando les entrenó o fueron compañeros de equipo. Todo el mundo habla de él de una manera preciosa, pero para mí - insisto - solo es mi papá.

¿Cómo era en casa?

Muy disciplinado. Daba mucha importancia al colegio, por ejemplo. Para él era importante tener plan A y B. La escuela había que tomarsela en serio. Recuerdo una época en que sacaba malas notas, y enseguida me dijo que no entrenaría hasta que no mejorara. Me esforcé, y en dos semanas mis notas fueron directamente para arriba. El sabía cómo tocarme, cómo casti- garme. Ya como jugador del primer equipo del Barça, estuve en la Universidad, pero ya no por imposición suya. Siempre me inculcó para el día de mañana. Y parte de la razón de ser director deportivo. No solo es porque amo el fútbol, sino porque tengo experiencia en estrategias, negociar, Business Management... Esto me encanta. Mis padres eran muy estrictos en casa, repito... Por ejemplo, si les pedía algo de dinero - entonces eran pesetas - me decían que sí, pero después de que ayudara en algo: lavar el coche, una tarea doméstica, no sé. Siempre había que esforzarse antes de obtener algo. Y esa educación me ha servido mucho.

¿Usted es capaz de ver a su padre, también, con la perspectiva que lo hacen los demás? ¿Que impacto cree que tuvo como entrenador y gurú del Barça?

Obviamente yo lo veo con unos ojos diferentes. Si lo miramos muy fríamente, te das cuenta de que hay muy pocas personas tengan dos estatuas en equipos tan grandes como Barça y Ajax. Por no hablar de los estadios: el Johan Cruyff Arena y el segundo estadio del Barcelona, que también se le dio el nombre de mi padre. Con esto está todo dicho, está muy claro lo que significó para estos clubes, pero también los clubes para él. Cariño, respeto, admiración... A veces, camino por Amsterdam o Barcelona hay gente que me para para recordarme lo que significó. La generación mayor lo hace de su época como jugador, la mediana sin embargo- rescata al entrenador... Por último, los jóvenes, más de videojuegos, me recuerdan que Johan tiene una puntua- ción muy alta. Cada uno tiene una imagen diferente de lo significó para ellos. Ya te dije que era muy especial. 

¿Cómo era Johan en casa, como padre, qué anécdota recuerda de esa época? 

Mi padre tenía una cualidad impresionante: nunca traía el fútbol a casa. Si ganaba o perdía 4-0, él entraba y abría con llave como si nada. Se lo agradeceré siempre. Llevo muchos años en el fútbol, y tengo que decir y tengo que decir que eso hoy es casi imposible. Especialmente, cuando uno pasa por malos resultados, ese estrés te lo llevas a casa. Lo notan tus familiares, tu pareja, tus hijos... Mi padre tenía una fuerza mental enorme para separar esto. Cuando le oías entrar, ya era padre. Te preguntaba por el colegio, por el entrenamiento, por el día en general.

¿Es cierto que no fue al Mundial de 1978 porque le amenazaron de secuestro en 1978?

Sí, entró en casa una persona armada con una pistola. No quiso ir a esa Copa del Mundo para no dejar sola a su familia. Eso le traumatizó en su día. No quería dejarnos solos. Es verdad. En Holanda, al inicio, no entendían el motivo de su ausencia. Creo que ahora la gente lo entiende mejor. Esta historia se conocerá mejor en la serie documental (coproducida por Box to Box, del oscarizado James Gay-Rees y la holandesa Lusus). La verdad es que el documental me encanta, hay muchas imágenes que no había visto nunca y las he visto por primera vez. Y me ha emocionado. Es precioso (se estrenará en el Johan Cruyff ArenA el 21 de marzo).

Hablemos de la Fundación. El lado más humano y generoso de Johan.

Mi padre no tuvo una infancia fácil. Como bien sabes, nació después de la Segunda Guerra Mundial, y su padre falleció cuando aún era muy joven. Eso te marca de por vida. Creo que siempre tuvo esa sensibilidad especial para la gente que necesita ayuda. Siempre decía: “Si puedes, tienes que hacerlo. Debemos ayudarnos todos porque somos humanos”. La Fundación es una parte importante de quién es él. La gente se acordará de él como entrenador, como jugador, del fútbol, pero hay una parte que es de corazón. Fue una de sus grandes prioridades durante muchísimos años.

¿Qué consejos futbolísticos le dio durante su carrera como jugador?

Siempre fueron los mismos: “Sigue tu intuición. Haz lo que tú creas que es correcto. Y no te asustes. Si vas a un sitio para trabajar, si fracasas, que sea con tus propias ideas... No fracases con ideas de otros. Siempre haz lo que creas que es correcto”. Es una de las lecciones más importantes de mi vida. La llevo siempre conmigo.

Otro de sus puntos más importantes era su faceta de revolucionario. Su propia línea de ropa que usaba mientras dirigía al Barça, la publicidad para dejar de fumar cuando sufrió el infarto en 1991, los chupa chups...

El infarto fue un aviso de vida. Un momento muy difícil. El fútbol pasó a un segundo plano. Se dio cuenta de que significaba solo una pasión, y que la salud era lo más importante. Desde ese momento se cercioró de que debía cuidarse más, tener una vida más saludable. Dejó de fumar y estuvo en los banquillos con chupa chups durante muchos años. La verdad es que si él hoy supiera el daño del tabaco quizás no habría fumado nunca. Pero bueno, como jugador estas cosas pasaban. Dicho esto, mi padre ha disfrutado de su vida. A veces te das cuenta de cosas cuando ya es tarde.

Quiero terminar hablando de fútbol. El Dream Team, tras la derrota en Atenas contra el Milán, comenzó a desintegrarse. Le echaron tras un último año difícil, donde además de no llegar resultados y tratar de reconstruir el equipo, muchos le imputaron algunas excentricidades: Busquets, Angoy, Eskurza, Escaich, Cela... ¿Qué opinión le merece?

Cuando estás en un club como el Barça y una liga española, no es fácil ganar cada año. Es cierto que hizo una transición generacional. La verdad es que mi padre tenía una relación siempre difícil con los directivos, en varios clubes. Él decía que ellos debían hacer lo que sabían hacer y dejar las decisiones futbolísticas a los que sabían. Siempre era muy claro con esto. Si haces una transición con jóvenes que necesitan más tiempo, y además los resultados no acompañan... Ahí supongo que venían las viejas peleas. Y se marchó. Lo que peor se hizo realmente es que, si vas a echar al entrenador y faltan dos o tres partidos, te esperas hasta final de temporada y tomas la decisión. Creo que le dolió la manera en que fue. Pero repito que mi padre no era fácil. Tenía mucha personalidad, con las ideas muy claras. No dejaba que alguien dominara lo que él consideraba su mundillo, la parte del fútbol. Pero estas cosas son parte del proceso, pueden pasar.

Su carrera futbolística, también, ha sido digna de nota. Gracias, entre otros, a usted un día toda España fue del Alavés.

He jugado en diferentes países, diversos clubes y distintas situaciones. A veces titular; otras, suplente. Gané títulos y descendí. Pasas por el proceso del fútbol. Estoy contento. Sí que es cierto que tuve muchas operaciones y problemas en la rodilla que me frenaron un poco. Pero estoy agradecido por el viaje. Todas grandes experiencias. Obviamente jugar en el Barça o el Manchester United es el sueño de todos. Pero no hablar de la selección holandesa en la Euro 96... La final con el Alavés contra el Liverpool... Es algo que uno jamás espera cuando firmas por ese club. Muy orgulloso de lo que conseguimos ese año. También volver a Barcelona en la época del Espanyol, donde me trataron muy bien. Seis meses en el Celta (Makelele, Revivo, Mazinho, Giovannella, Gustavo López...). Cuando veo los nombres... ¡tenía un auténtico equipazo! También aprendí. No me arrepiento de nada. Aprendí de muchos entrenadores y cosas que hoy en día me llevo conmigo. Estoy encantado de la vida.

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