“La guerra hasta ahora no ha ayudado al pueblo iraní, que ha sido silenciado”


La escritora, exiliada en EE.UU., definió la actual situación como el “colapso de la Unión Soviética del mundo musulmán”

19 Mar 2026 - LA NACION
Texto Elisabetta Piqué

La voz en el teléfono de Azar Nafisi, la famosa escritora iraní y profesora universitaria exiliada en Estados Unidos, transmite dolor.

Nafisi enseñaba literatura inglesa en la Universidad de Teherán, pero las restricciones que la revolución islámica impuso a las mujeres –entre otras, el velo– la empujaron a dejar los claustros. Antes de partir al exilio en 1997, organizó reuniones en su casa, donde, junto a siete de sus alumnas, se leían obras de la literatura universal. De esa experiencia nació el libro que la consagró en Occidente: Leer Lolita en Teherán.

En una entrevista telefónica con LA NACION, Nafisi, de 77 años, habló de la importancia de la poesía en Irán y no ocultó su preocupación por la guerra en curso, que hasta ahora “no ha ayudado al pueblo iraní, que ha sido completamente silenciado”, advirtió. Si bien el régimen aún no ha caído, de todos modos, consideró que lo que estamos viendo es como “el cadáver de la república islámica”. Se mostró esperanzada por la deserción de muchos clérigos del sistema y definió lo que está sucediendo en Irán como el colapso de la Unión Soviética del mundo musulmán.

–¿Pudo hablar con su familia y amigos en Irán?

–Al principio fue imposible, estaba todo cortado, pero hace unos días lo logré. Para mí es muy traumático porque me hace acordar a cuando viví la guerra de Irán contra Irak (19801988). Nos reuníamos a veces hasta veinte personas en un departamento y hacíamos cosas que nos ayudaran a escapar de la deshumanización que la guerra nos impone.

–¿Qué hacían?

–Bueno, éramos un grupo de amigos y hacíamos todo lo que no podíamos hacer en público: escuchábamos música juntos, veíamos películas prohibidas juntos, leíamos libros prohibidos juntos. Eso era lo que me daba fuerzas para seguir adelante. El hecho de que compartíamos no la muerte, sino la vida. Y eso es muy importante.

–Ahora sus amigos en Irán quizás están haciendo lo mismo, leyendo libros como Leer Lolita en Teherán, allí prohibido…

–Sí... Y hablamos de todo y es muy impactante porque hablamos de la lluvia ácida, de las explosiones, de la cantidad de muertos, pero también de cosas de la vida cotidiana: una amiga me hablaba de sus gatos y yo le contaba sobre el perro de mi hijo, al que tanto quería, y cómo, cuando murió, me sentí muy triste y desolada. Así, entonces, lo que intentamos hacer es evitar que lo que ocurre afuera cambie todo aquello que nos hace humanos. Porque tanto los regímenes totalitarios, como el de Irán, como las guerras, nos arrebatan nuestro sentido de la humanidad. La vida se vuelve barata, y la vida nunca debería serlo.

–¿Cree que esta guerra puede ayudar a la gente de Irán o está complicando la situación?

–Hasta ahora, esto no ha ayudado al pueblo iraní. Por eso quiero hablar constantemente de ellos, porque la guerra ha llegado y el pueblo ha sido completamente silenciado. Como saben, el principal culpable aquí es el régimen islámico. Miles de iraníes murieron durante las protestas, pero me duele profundamente pensar que ahora el pueblo iraní, que sufrió la guerra Irán-Irak, que padeció arrestos, asesinatos y atrocidades, tenga que cargar también con el peso de una nueva guerra. No tengo derecho a decirle a la gente que vive en Irán si debe o no desear algo. Mi tarea como escritora es decir la verdad y eso es lo que me piden. Cuando dejé Irán en 1997 para emigrar a Estados Unidos, mi madre me seguía de una habitación a otra y me decía: “Dilo, dilo”. Quería decir: “Di afuera cómo este régimen nos aísla, cómo no nos permite conectar con el mundo, cómo nos oprime”. Y era tan importante, y lo recuerdo cuando estaba en Irán, cuando venían periodistas, como aquella vez que Jackie Lydon de la NPR vino a Teherán y me trajo un ejemplar de The New Yorker. Y entre amigos, estudiantes y familiares, había tanta emoción por leer The New Yorker… Pasaba de mano en mano. La cuestión es que, de lo contrario, se vuelve demasiado difícil vivir. Si solo piensas en la guerra, la guerra te tragará.

–¿Celebró la muerte de Ali Khamenei?

–Bueno, mucha gente lo celebró. En mi caso, para mí es importante que no reaccionemos ante nuestro enemigo de la misma manera que él reacciona ante nosotros. No quiero pensar que Khamenei sea tan importante, aunque sé que la vida del pueblo iraní está en manos de alguien como Ali Khamenei o Mojtaba Khamenei. Pero era un criminal y no solo no amaba a Irán, sino que lo odiaba. Intentó borrarlo imponiéndonos su versión de lo que es Irán. Y el pueblo iraní ha intentado decir que esto no nos representa. Nosotros no fuimos quienes impusimos esas leyes, especialmente las que afectan a las mujeres. No somos nosotros quienes queremos que nuestras hijas se casen a los nueve años. No somos nosotros quienes aprobamos la lapidación. Esto no es iraní.

–¿Qué destacaría como lo iraní?

–Mi padre solía decir que este país es muy antiguo, que ha sido invadido muchas veces, pero lo que nos ha dado continuidad como nación, lo que nos ha dado una identidad como iraníes, es la poesía. Así que, si quisiera presentar a estas personas que están siendo bombardeadas en este preciso instante o que han sido encarceladas y torturadas, si quisiera hablar de quiénes son estas personas, quiénes son estos iraníes, diría que los iraníes se definen por su poesía. ¿Cuál es el poema que mejor representa al pueblo iraní? Pues bien, nuestro poeta épico Ferdowsi (940-1020), que vivió hace mil años, escribió este extenso poema de varios volúmenes, que recopilaba la mitología del antiguo Irán, y culminaba con la ocupación e invasión de Irán por los árabes. El pueblo iraní se identifica plenamente con él: al comienzo de la revolución, la República Islámica derribó todas las estatuas de la familia real. Pero cuando se trató de los poetas, cuando quisieron derribar la estatua de Ferdowsi, no pudieron hacerlo. Ahí fue donde los iraníes trazaron una línea roja. Y pensé para mis adentros: “Dios mío, pudieron derrocar al rey, pero no pudieron tocar al poeta… Es maravilloso”.

–¿El régimen puede cambiar con esta guerra lanzada desde afuera?

–Como saben, la muerte de Khamenei no derrocó a todo el régimen. El régimen aún existe, pero apenas sobrevive. Hace mucho tiempo, un experto iraní de Francia, Olivier Roy, dijo sobre Irán: “La buena noticia es que este régimen ha desaparecido. Se acabó. La mala noticia es que el propio régimen no lo sabe”. Y de eso se trata. Si hablas con gente dentro o fuera de Irán, todos te dicen que esto es como el cadáver de la República Islámica. Al comienzo de la revolución, sus asesinatos fueron una muestra de su poder. Pero ahora, matar gente, torturarla, bombardear y enviar misiles a otros países son actos de debilidad y desesperación. No van a lograr que el pueblo iraní quiera llegar a un acuerdo con este régimen. Y algo que quiero que sepan es que, además de la asombrosa reacción del pueblo iraní, lo que me da esperanza es la deserción dentro del propio sistema. Muchos clérigos y religiosos afirman que esto no es el islam, y si lo es, no queremos formar parte de él. Así que les digo a las personas que Irán es como la Unión Soviética del mundo musulmán, tiene una ideología. La Unión Soviética tenía comunismo, ellos un islam fundamentalista. Y los métodos que usaban son muy similares: Irán, al igual que la Unión Soviética, tenía ambiciones imperialistas. Esto no se trata solo de un cambio de régimen; este cambio va más allá. Se trata de cambiar mentalidades, se trata de ofrecer una forma diferente de abordar las cosas. Por eso, para el pueblo iraní, la democracia vale la pena la vida. Simplemente están dispuestos a morir por ella.

***

«Finora la guerra non ha aiutato il popolo iraniano, che è stato messo a tacere»

La scrittrice, in esilio negli Stati Uniti, ha definito la situazione attuale come il «crollo dell’Unione Sovietica nel mondo musulmano»

19 marzo 2026 - LA NACION

Testo di Elisabetta Piqué

La voce al telefono di Azar Nafisi, la famosa scrittrice iraniana e docente universitaria in esilio negli Stati Uniti, trasmette dolore.

Nafisi insegnava letteratura inglese all’Università di Teheran, ma le restrizioni che la rivoluzione islamica impose alle donne – tra cui il velo – la spinsero ad abbandonare l’insegnamento. Prima di partire per l’esilio nel 1997, organizzava incontri a casa sua, dove, insieme a sette delle sue studentesse, si leggevano opere della letteratura universale. Da quell’esperienza è nato il libro che l’ha consacrata in Occidente: Leggere Lolita a Teheran.

In un’intervista telefonica con LA NACION, la settantasettenne Nafisi ha parlato dell’importanza della poesia in Iran e non ha nascosto la sua preoccupazione per la guerra in corso, che finora «non ha aiutato il popolo iraniano, che è stato completamente messo a tacere», ha avvertito. Sebbene il regime non sia ancora caduto, ha comunque ritenuto che ciò a cui stiamo assistendo sia come «il cadavere della Repubblica islamica». Si è mostrata speranzosa per la defezione di molti religiosi dal sistema e ha definito ciò che sta accadendo in Iran come il crollo dell’Unione Sovietica del mondo musulmano.

– È riuscita a parlare con la sua famiglia e i suoi amici in Iran?

– All’inizio era impossibile, era tutto bloccato, ma qualche giorno fa ci sono riuscita. Per me è molto traumatico perché mi fa tornare in mente quando ho vissuto la guerra tra Iran e Iraq (1980-1988). A volte ci riunivamo in venti in un appartamento e facevamo cose che ci aiutassero a sfuggire alla disumanizzazione che la guerra impone.

– Che cosa facevate?

– Beh, eravamo un gruppo di amici e facevamo tutto ciò che non potevamo fare in pubblico: ascoltavamo musica insieme, guardavamo film proibiti insieme, leggevamo libri proibiti insieme. Era questo che ci dava la forza di andare avanti. Il fatto che condividessimo non la morte, ma la vita. E questo è molto importante.

– Ora i suoi amici in Iran forse stanno facendo lo stesso, leggendo libri come Leggere Lolita a Teheran, là proibito…

– Sì... E parliamo di tutto ed è molto forte perché parliamo dell’acid rain, delle esplosioni, del numero dei morti, ma anche di cose della vita quotidiana: un’amica mi parlava dei suoi gatti e io le raccontavo del cane di mio figlio, a cui volevo tanto bene, e di come, quando è morto, mi sia sentita molto triste e desolata. Quindi, quello che cerchiamo di fare è evitare che ciò che accade fuori poi cambi tutto ciò che ci rende umani. Perché sia i regimi totalitari, come quello iraniano, sia le guerre, ci privano del nostro senso di umanità. La vita diventa a buon mercato, e la vita mai dovrebbe esserlo.

– Ritiene che questa guerra possa aiutare il popolo iraniano o che stia complicando la situazione?

– Finora, questa guerra non ha aiutato il popolo iraniano. Ecco perché voglio continuare a parlare per loro, perché la guerra è arrivata e il popolo è stato completamente messo a tacere. Come sapete, il principale responsabile in questo caso è il regime islamico. Migliaia di iraniani sono morti durante le proteste, ma mi addolora profondamente pensare che ora il popolo iraniano, che ha sofferto la guerra Iran-Iraq, che ha subìto arresti, omicidi e atrocità, debba sopportare anche il peso di una nuova guerra. Non ho il diritto di dire alle persone che vivono in Iran se devono o no desiderare qualcosa. Il mio compito come scrittrice è raccontare la verità ed è questo che mi chiedono. Quando ho lasciato l’Iran nel 1997 per emigrare negli Stati Uniti, mia madre mi seguiva da una stanza all’altra e mi diceva: «Dillo, dillo». Voleva dire: «Racconta là fuori come questo regime ci isola, come non ci permette di connetterci con il mondo, come ci opprime». Ed era così importante, e me lo ricordo quando ero in Iran, quando venivano i giornalisti, come quella volta che Jackie Lydon della NPR venne a Teheran e mi portò una copia del New Yorker. E tra amici, studenti e familiari, c’era tanta emozione nel leggere il New Yorker… Passava di mano in mano. Il fatto è che, altrimenti, diventa troppo difficile vivere. Se pensi solo alla guerra, la guerra ti inghiottirà.

– Ha "festeggiato" la morte di Ali Khamenei?

– Beh, molti l'hanno "festeggiata". Per quanto mi riguarda, ritengo importante che non reagiamo al nostro nemico nello stesso modo in cui lui reagisce nei nostri confronti. Non voglio pensare che Khamenei sia così importante, anche se so che la vita del popolo iraniano è nelle mani di persone come Ali Khamenei o di Mojtaba Khamenei. Ma lui era un criminale e non solo non amava l’Iran, ma lo detestava. Ha cercato di "cancellarlo" imponendoci la sua versione di ciò che è l’Iran. E il popolo iraniano ha cercato di dire che questo non ci rappresenta. Non siamo stati noi a imporre quelle leggi, specialmente quelle che riguardano le donne. Non siamo noi a volere che le nostre figlie si sposino a nove anni. Non siamo noi ad approvare la lapidazione. Tutto questo non è iraniano.

– Che cosa metterebbe in evidenza come tipicamente iraniano?

– Mio padre diceva sempre che questo Paese è molto antico, che è stato invaso tante volte, ma ciò che ci ha garantito la continuità come nazione, ciò che ci ha dato un’identità come iraniani, è la poesia. Quindi, se volessi presentare queste persone che in questo preciso istante vengono bombardate o che sono state incarcerate e torturate, se volessi parlare di chi sono queste persone, chi sono questi iraniani, direi che gli iraniani si definiscono attraverso la loro poesia. Qual è la poesia che meglio rappresenta il popolo iraniano? Ebbene, il nostro poeta epico Ferdowsi (940-1020), vissuto mille anni fa, scrisse questo lungo poema in più volumi, che raccoglieva la mitologia dell’antico Iran e culminava con l’occupazione e l’invasione dell’Iran da parte degli arabi. Il popolo iraniano si identifica pienamente con lui: all’inizio della Rivoluzione, la Repubblica Islamica abbatté le statue della famiglia reale. Ma quando si trattò dei poeti, quando vollero abbattere la statua di Ferdowsi, non ci riuscirono. È là che gli iraniani hanno tracciato una linea rossa. E ho pensato tra me e me: “Mio Dio, sono riusciti a rovesciare il re, ma non hanno potuto toccare il poeta… È meraviglioso”.

– Il regime potrà cambiare con questa guerra lanciata dall’esterno?

– Come sapete, la morte di Khamenei non ha rovesciato l’intero regime. Il regime esiste ancora, ma sopravvive a malapena. Molto tempo fa, un esperto iraniano di origine francese, Olivier Roy, disse a proposito dell’Iran: «La buona notizia è che questo regime è scomparso. È finito. La cattiva notizia è che il regime stesso non lo sa». Ed è proprio questo il punto. Se parlate con persone dentro o fuori l’Iran, tutti vi diranno che questo è come il cadavere della Repubblica Islamica. All’inizio della Rivoluzione, i suoi omicidi erano una dimostrazione del suo potere. Ma ora, uccidere persone, torturarle, bombardare e lanciare missili contro altri Paesi sono atti di debolezza e di disperazione. Non riusciranno a far sì che il popolo iraniano voglia raggiungere un accordo con questo regime. E una cosa che voglio che sappiate è che, oltre alla straordinaria reazione del popolo iraniano, ciò che mi dà speranza sono le defezioni all’interno del sistema stesso. Molti religiosi e membri del clero affermano che questo non è l’Islam, e se lo è, non vogliamo farne parte. Quindi dico alla gente che l’Iran è come l’Unione Sovietica del mondo musulmano, ha un’ideologia. L'Unione Sovietica aveva il comunismo, loro un Islam fondamentalista. E i metodi che usavano sono molto simili: l'Iran, proprio come l'Unione Sovietica, aveva ambizioni imperialiste. Non si tratta solo di un cambio di regime; questo cambiamento va oltre. Si tratta di cambiare mentalità, si tratta di offrire un modo diverso di affrontare le cose. Ecco perché, per il popolo iraniano, la democrazia vale la vita stessa. Sono semplicemente disposti a morire per essa.

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