Antonio Rattín, emblema de Boca y de la Selección


Por más de una década el ex volante se adueñó del centro de la cancha en el Boca 
campeón de los 60 y en la Selección. Fue DT y diputado. Falleció a los 89 años.

“A mí me ponían porque yo entraba y salía gritando”.

12 lug 2026 - Clarín
Luis Vinker lvinker@clarin.com

Fue un símbolo del Boca dominante de los años ‘60, su equipo de siempre. Jugó dos Mundiales y, como capitán de la Selección, protagonizó un histórico encuentro contra los ingleses en Wembley. Desplegó personalidad y mando. Murió ayer a los 89 años. En el fútbol, como en otros campos deportivos, pasan las estrellas fugaces. Y algunas dejan, verdaderamente, su marca. Pero también en el fútbol están aquellos que dejan su marca por su vigencia y porque esa misma marca fue constante, extensa. Inolvidable. Uno de esos casos es el de Antonio Ubaldo Rattin, el símbolo de la guapeza en el mediocampo de Boca y también el símbolo de uno de los ciclos más gloriosos del club, aquel que brindó cuatro títulos locales a lo largo de la década del 60. El Tano Antonio Roma en el arco, Silvio Marzolini en el lateral izquierdo y Rattin como el “5” clásico fueron los nombres que permanecieron a lo largo de ese ciclo en el que alternaron otros nombres de jerarquía: Rojas y Rojitas, el Beto Menéndez, el infatigable Gonzalito González y tantos más. Pero cuando la voz del estadio anunciaba la formación y llegaba la mención de Rattin, con aquella “i” que se prolongaba (Ratiiiiiiiiiiin), era una ceremonia religiosa, el coro de una multitud, la ovación infaltable, el tributo a uno de los ídolos más queridos por la hinchada.Rata. La Bombonera celebró a Rattin hasta el último día con ovaciones infaltables. Con el azul y oro consiguió cuatro títulos locales y se convirtió en un ídolo para varias generaciones.

Y le costó a Rattin ganarse ese puesto que había sido propiedad, a mediados de los 50, de otro ídolo como el Gallego Eliseo Mouriño. Aquejado por una hepatitis en las vísperas de un Superclásico en la Bombonera, a Rattin le tocó la misión de reemplazarlo: fue su debut en Primera. Ya no dejó más el puesto aún cuando en los primeros tiempos la hinchada reclamó a Mouriño. O en 1960, cuando llegó Vicente Feola a la conducción técnica y pidió un centrohalf más dúctil con la pelota en su propuesta de fútbol espectáculo y los dirigentes contrataron a Dino Sani, el finísimo armador de San Pablo.

Pero Rattin se adueñó del número 5 y no lo dejó hasta que recién las lesiones, el paso del tiempo y una declinación técnica lo hicieron retirarse, poco antes de que otro título iluminara la cosecha de Boca. Una cosecha que estuvo acompañada, además, por la declinación del rival de siempre, River, que penó durante 18 años sin coronar.

A lo largo de su campaña Rattin solamente jugó en Boca y protagonizó 27 choques oficiales contra River de los que Boca apenas perdió cinco y sólo uno como local.

“No… Qué iba a tirar caños. A mí me ponían porque yo entraba y salía gritando y con la camiseta transpirada. Lo mío era la lucha, pero siempre jugaba tranquilo”. Ese era el credo de Antonio Ubaldo Rattin, el popular Rata, ídolo entre los ídolos del Boca de su época.

Su padre llegó en barco desde Trento escapando de la tragedia de la Primera Guerra Mundial. En Buenos Aires trabajó como maquinista de a bordo llevando materiales por el Delta. Formó su familia y la peleó como tantos inmigrantes. El propio Antonio Rattin –nacido el 16 de mayo de 1937- recordó una infancia humilde en Tigre “cuando debía trabajar para ayudar a la casa; hacía repartos en bicicleta para una tintorería y, más adelante, changas como electricista en lo que me especialicé”. Su trabajo no se interrumpió siquiera cuando ya estaba en las inferiores de Boca.

Empezó con el fútbol en el “baby” de Juventud, en Tigre, y a los 13 años jugó para Magdalena de Villa Urquiza. Inclusive tuvo alguna prueba fallida en Racing. Bernardo Gandulla, el responsable de las inferiores de Boca, fue quien lo llevó al club por consejo de Rubén Farías, uno de los compañeros de Rattin en Magdalena.

Su modelo de jugador era Néstor Pipo Rossi, uno de los baluartes de River. “Por su voz de mando y su facilidad para manejar el equipo”, definió Rattin, quien se acoplaría a esas mismas características a lo largo de su carrera. Y también contó sobre Rossi una de sus anécdotas más curiosas: “Todos los días yo tomaba el tren desde Tigre para ir a entrenar. Y una vez, allá por 1955, en la estación Beccar subió Pipo Rossi en el mismo vagón. Me sentí tentado de ir a hablarle, de decirle que era mi ídolo, que yo también jugaba como número 5. Pero no me animé; era muy tímido”.

Tal vez ni se imaginó en ese momento que un año más tarde le tocaría debutar justamente contra Rossi. Fue el 9 de septiembre de 1956. Mario Fortunato, el DT de Boca, lo convocó a Rattin. “Eliseo anda con heptatitis y no puede estar el domingo contra River. ¿Te animás a jugar en Primera?”, le anunció y le preguntó al mismo tiempo.

Rattin siempre recordó con precisión aquellos días: “En la semana anterior al clásico estaba colocando una instalación eléctrica en el Banco Nación en Tigre y me vine abajo con escalera y todo. Me fisuré la muñeca y cuando llegué al club me enyesaron. Allí me habló Fortunato así que para entrar a la cancha me sacaron el yeso y lo reemplazaron por un vendaje fuerte”. En la foto histórica previa al partido aparece junto a Rossi, justamente. “Lo primero que hice en cuanto entramos a la cancha fue pedirle a un fotógrafo que me sacara una foto con mi ídolo. En una de esas era el debut y despedida en la Primera pero ya tendría la foto con él para colgarla en la cabecera de mi cama. Pipo era tan ocurrente que durante el partido, cuando trabé fuerte con él, me miró fijo y me dijo con su vozarrón: ‘¿Qué hacés, flaco? Mirá que le digo al fotógrafo que vele el negativo’”, recordó.

River se presentó con todos sus cracks -Rossi, Carrizo, Sívori, Labruna, Loustau- y Boca, con nombres nuevos (Yaya Rodríguez, Senés, Rattin). Ganó Boca por 2-1. “Don Mario me dio instrucciones sencillas: marcar a Labruna, no dejarlo recibir, anticiparlo siempre porque en cuanto Angel la dominara y me sacara un metro, como defensor estaba perdido”, contó Rattin.

En una entrevista con Clarín (enero de 1989), Rattin contó: “Costó que me aceptaran; la gente quería a Eliseo. Hasta el 62, cuando conseguimos el primer título de esa serie bárbara, estaba que me ponían y que me sacaban, que me vendían, que me traían a este o aquel. Recién en el 64 y 65, con los otros dos títulos, empecé a sentir que el hincha ya me había aceptado. Y mucho más: que me respetaba como un ídolo. El afecto del hincha de Boca es una de las cosas más lindas que dejó mi paso por el fútbol”.

Boca logró aquel título de 1962 después del famoso penal que Roma le atajó a Delem y se clasificó por primera vez para la final de la Copa Libertadores que cedió ante el Santos de Pelé en dos memorables choques en 1963. Nuevamente se consagró campeón local en 1964 y 1965 con equipos de una gran solidez defensiva y con jugadores temibles en el ataque.

Sus actuaciones en Boca le abrieron a Rattin el paso a la Selección, de la que también se convirtió en el patrón del mediocampo. En el Mundial 1962, en Chile, el equipo se despidió rápido. Dos años más tarde sorprendió al ganar la Copa de las Naciones en Brasil al vencer al local -bicampeón del mundo-, Portugal e Inglaterra. Y en el Mundial de 1966 la Selección llegó hasta los cuartos de final y perdió con Inglaterra en un polémico e inolvidable partido en Wembley, tal vez el más famoso en la historia de Rattin: capitán y expulsado.

Boca, con muchos cambios, no pudo mantener su racha anterior. Recién en 1969, cuando Di Stéfano tomó la conducción técnica, volvió a palpitarse un título y un gran juego (fue, de hecho, uno de los más lujosos equipos en la historia del club). Pero Rattin, lesionado, prácticamente no participó. Di Stéfano armó un mediocampo con dos volantes de ida y vuelta como el Muñeco Madurga y Orlando Medina éste, más en la contención-, arrancó con todo y ya no pudo cambiar.

Rattin llegó a alternar en Primera en el Torneo Metropolitano siguiente cuando al equipo lo dirigió su ex compañero Silvero, pero su nivel había bajado. Y se retiró en 1970. “Estaba jugando mal. Me di cuenta de dos cosas fundamentales. Primero, que la recibía solo y al darme vuelta me la habían quitado. Y segundo, que mis compañeros ya no me tenían confianza para entregarme la pelota. Llegué a casa le dije a mi mujer: ‘Vieja, esto se acabó. Rattin no puede dar lástima; está decidido: largo todo’”. Se despidió contra Atlético Tucumán.

Probó suerte como DT pero su incursión con el Boca de 1980 resultó fallida. “Cuando fui técnico me perdieron el respeto. A mí, que me aplaudían todas las hinchadas. A mí, que los de Boca me adoraban, me insultaron. El día que me fui de Boca dije: ‘Técnico nunca más’”.

Y también anduvo por la política convocado por el ex comisario Luis Patti. Primero, en una línea interna del Justicialismo bonaerense y después, con un partido propio. Rattin llegó a ser diputado y encabezó la comisión de Deportes. Estuvo entre 2001 y 2005 y afirmó: “Fue una tarea monótona porque a mí me gusta más la ejecutiva: mandar y ordenar. Pero la experiencia fue buena; rescato sobre todo que pude ayudar a mucha gente”.

No insistió por allí, retornó a Boca y cooperó con distintas gestiones. Volvió a ese Boca que siempre sintió como suyo, a ese que lo convirtió en un ídolo y referente en un sentimiento que nunca se eclipsó con el paso de las generaciones.

Como escribió Juan Sasturain en el centenario del club “fue la convicción y profunda fe del Rata la que le dio el protagonismo absoluto y la chapa de ídolo definitivo por esos mismos años de un fútbol sin rumbo cierto pero de inequívoca y justa gloria boquense. Rattin, el sólo, encarna unos colores y una camiseta, un lugar en la cancha y un modo de ocuparlo, un número en la espalda. Además, Rattin es Boca, pero es también una época de un país, un tiempo preciso. Resulta impensable sin los 60 en su habitat natural como rey de la selva”.

***


Caos en Wembley. Cansado de Rattin, 
el árbitro Kreitlein lo expulsó.

Lo echaron y se sentó en la alfombra real

12 Jul 2026 - Clarín

Antonio Rattin participó en dos Mundiales con la Selección y el último de ellos (Inglaterra 1966) quedó grabado a fuego como uno de sus momentos históricos: fue aquel 23 de julio cuando los locales le ganaron por 1-0 a Argentina en un partido envuelto en las polémicas que los proyectó hacia el título logrado pocos días más tarde ante Alemania por 4-2.

Para ese Mundial el director técnico Juan Carlos Lorenzo eligió jugadores con experiencia y personalidad y la primera ronda fue excelente: triunfos sobre España y Suiza y un empate sin goles con un durísimo Alemania.

El choque con Inglaterra en los cuartos de final era muy difícil y el organizador armó el mejor equipo de su historia con la seguridad de Gordon Banks en el arco, Bobby Moore como el guardián de la defensa, .Bobby Charlton en la preparación ofensiva y temibles puntas como Alan Ball, Martin Peters y Geoff Hurst.

Fue equilibrado en el comienzo, pero después empezaron las discusiones. Rattin intentó cuestionar cada decisión del árbitro, el sastre alemán Rudolf Kreitlein que tuvo allí el partido que lo hizo famoso. Es que a los 32 minutos, cansado por las protestas del capitán -en otro idioma porque no tenían la posibilidad de entendersedecidió su expulsión.

Mucho tiempo después Rattin admitió: “El problema empezó cuando le pedí al árbitro que consiguiera un intérprete porque quería quejarme de algunos fallos y, de paso, perder un poco de tiempo. Le mostraba la cinta de capitán y le hablaba en castellano. Hasta que me echó. Ahí sí apareció el intérprete para decirme que estaba expulsado. Eramos 11 contra 100 mil personas”.

Después, el escándalo: Rattin se sentó sobre la alfombra real y estrujó el banderín del corner que tenía los colores británicos. “La reina no estaba y vi el palco vacío, con una alfombra de seis por cuatro roja. Hermosa. Era un lugar lindo. Me senté unos dos o tres minutos allí porque, sino, tenía que irme debajo de la tribuna. No lo hice para agraviar a la reina sino para ver el partido. Cuando me fui al vestuario los ingleses me tiraban chocolates. En ese momento pasé por el banderín del corner, lo retorcí y los insulté. Comenzaron a tirarme latas de cerveza y tuve que salir corriendo”, relató una y mil veces.

Con un hombre de más, la presión inglesa se hizo constante y la defensa argentina resistió hasta que Hurst sentenció el partido.

El DT inglés Alf Ramsey calificó como “animals” a los argentinos. Y la FIFA aplicó sanciones: multa de 1.000 francos suizos (250 dólares) a la AFA, cuatro partidos internacionales de suspensión a Rattin, tres a Roberto Ferreiro y tres a Ermindo Onega por haber escupido en la cara a un dirigente de la FIFA en el medio de los incidentes y amonestaciones a Luis Artime y Jorge Solari. También le propuso al Comité Organizador del Mundial de 1970 que no considerara la inscripción argentina a menos que “se de cierta seguridades sobre la conducta de los jugadores”.

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