10 años sin Johan


Un genio. A la izquierda, Johan Cruyff con la camiseta del FC Barcelona; a la derecha, 
con su clásica gabardina en la época en la que dirigía como entrenador al conjunto barcelonista

Un miércoles tallado en la memoria 

Ese día, el Ajax abrió al mundo las ventanas del fútbol. Lo transformó en otra cosa

22 Mar 2026 - La Vanguardia (1ª edición)
Santiago Segurola

Tallada con cincel en mi memoria figura una fecha, 5 de marzo de 1969, que solo tiene sentido si se interpreta como una epifanía. cualquiera puede preguntarme qué hacía, dónde y qué ocurrió aquel día, un miércoles cualquiera en el calendario escolar, excepto por dos razones. la primera, de carácter administrativo: la chavalería tenía libre la tarde de los miércoles, que incluía la rutina televisiva en blanco y negro. a las cuatro comenzaba Daktari, serie que tenía como estrella popular a clarence, el león bizco. nos encantaba clarence, pero aquella tarde yo estaba en otra historia. tVe había decidido emitir –José Félix pons de narrador– el desempate que enfrentaba en parís al Benfica con el ajax. Y eso llevaba un lujo añadido: asegurarme de que la incipiente fama de un joven jugador holandés estaba justificada. el jugador, por supuesto, era Johan Cruyff.

El partido se jugó en colombes, el venerable estadio parisino inaugurado con ocasión de los Juegos olímpicos de 1924. se congregó una imponente masa de migrantes portugueses y seguidores holandeses, en medio de unas apreturas que hoy estarían prohibidas. la eliminatoria había seguido un curso extraño. sobre una espesa manta de nieve, los sureños del Benfica se impusieron en amsterdam por tres goles a uno. En la vuelta, el Ajax marcó tres goles en la primera parte. torres, el longilíneo delantero centro portugués, igualó la eliminatoria en el segundo tiempo. la reglamentación de entonces exigía un encuentro en campo neutral en caso de empate final. se eligió parís. el ajax representaba a un fútbol casi desconocido en europa hasta bien entrados los años sesenta. Formaba parte de las originalidades que produjo aquella década tan particular. Holanda no tenía la menor impronta en el escenario futbolístico internacional. todavía se discutía si era honesto abandonar el amateurismo, pero en amsterdam, que tenía fama de tristona y aburrida, se incubaba una revolución. “durante siglos, los fumadores de pipa habían visto caer la misma lluvia en los mismos canales”, así de apagada y pacata la describió albert camus en 1955. diez años después, era posiblemente la ciudad más contracultural y excitante de europa. a su anónimo fútbol lo había sacudido el fulgor del ajax. llegó de la nada y, en términos generacionales, tardó un minuto en establecerse como bandera de la modernidad. de todo eso se ocupó Cruyff, pero no era fácil saberlo en el oscuro gris de la españa de entonces.

Había algunas noticias de cruyff, pequeños retazos, sucintas imágenes en televisión y algún artículo en la prensa deportiva, además de los dos partidos en los dieciseisavos de final contra el Madrid en la temporada anterior. en la prórroga, un gol de Veloso dio la victoria al equipo madrileño. Fue un partido de horario nocturno, en la franja adulta de las sesiones familiares de televisión. no me dejaron verlo. aquel miércoles de 1969 se produjo un momento capital del fútbol. el insurgente ajax derrotó 3-0 al Benfica de eusebio, el único jugador que en su mejor momento podía compararse con pelé. la desinhibición juvenil del equipo holandés se impuso al viejo modelo, representado por el real Madrid, el Benfica y el catenaccio italiano. empezaba una época, terminaba otra. ese día, el ajax abrió al mundo las ventanas del fútbol. lo transformó en otra cosa, fascinante y magnética a la vez, revolucionaria en el fondo y la forma, un equipo hecho a la medida de la juventud, transgresor, capaz de conectar una manera sistemática de jugar con el impulso del talento y las habilidades individuales. a ese equipo lo dirigía rinus Michels, apodado el General, pero el carismático cruyff ejercía de ideólogo y actor principal. no había nacido para subalterno. Nació para gobernar.

Atendí aquel partido con la alteración infantil que acompaña a una fabulosa novedad. cruyff superó por mucho la idea que yo tenía de su magnitud. emanaba una autoridad impropia de un jugador de tan solo 21 años. articulaba el juego como un director de orquesta, aceleraba como un sprinter, y sus rotundos frenazos desarmaban a los defensas, todo ello, transmitido con una elegancia etérea. cruyff se desplazaba por el césped con una delicada ligereza, como si temiera estropear la hierba.

En un Bernabéu semivacío, el Milan derrotó 4-1 al ajax en la final de 1969, pero una generación ya estaba cautivada por cruyff y su manera de entender el fútbol, que va mucho más allá de los gustos y las modas. te engancha, te interpela y lo convierte en algo personal para el admirador. se puede decir que, sin saberlo, los críos de aquel tiempo fuimos cruyffistas antes del cruyffismo, material metafísico que ha atravesado siete décadas del fútbol, la mayoría de las veces, contra la moda de rigor. de ese conflicto trata, por ejemplo, el fútbol actual: encontrar un antídoto contra el depositario del legado de cruyff. o sea, pep guardiola, guardián espiritual de un modelo extraordinariamente exitoso, ahora cuestionado por fórmulas que amenazan su reciente hegemonía.

Por fortuna, el cruyffismo mantiene su reserva natural en el Barça, donde la crisis se ha resuelto con dos ideas básicas: el aprovechamiento de la cantera, la masiva presencia de sus jóvenes en la plantilla y la dirección de Flick, un entrenador que invita al mismo tipo de aventura y emoción que Johan cruyff alentó en el ajax, en la selección holandesa y en el Barça. diez años después de su muerte, estoy convencido de que aún procura la misma fascinación en este momento, presidido por la sobreinformación y la cháchara, que en 1969, cuando, a solas, frente a un televisor iberia, un chaval de Barakaldo se alistó para siempre a la causa de Johan Cruyff.

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10 años  sin Johan

22 Mar 2026 - La Vanguardia (1ª edición)
Jordi Juan

Este martes se cumplen diez años del fallecimiento de Johan Cruyff, uno de los protagonistas más influyentes de la historia del fútbol

El mito que no conocía el miedo
Rebelde, indomable, seguro de sí mismo, amigo de sus amigos y optimista empedernido

Kubala, di Stéfano, Pelé, Cruyff, Maradona o Messi. estos seis jugadores marcaron una época como futbolistas, y hay quien pueda ponerse a discutir quién de los seis ha sido el mejor de la historia. sin embargo, nadie puede dudar de que cruyff ha superado a todos como el hombre que más ha influido en la historia del balompié. Hay un antes y un después de su irrupción como jugador y como entrenador. es mucho más que un futbolista.

Quien esto firma lo admiró de niño como 9 del Barça, lo idolatró como entrenador y después lo disfrutó como persona, tanto como para considerarlo en su conjunto un mito. el mito. uno ya puede morirse en paz porque de todas las gestiones que ha hecho como periodista, de nada puede sentirse más orgulloso que la de pensar y, después rematar, el fichaje de Johan como columnista de La Vanguardia. aquello me permitió conocer al hombre y descubrir que tenía una personalidad que superaba la faceta deportiva. añoro los almuerzos con él y con su sombra, Joan patsy, en los reservados del drolma del añorado Fermí puig y conservo las tres entrevistas que le hicimos con los colegas dagoberto escorcia y albert gimeno en tres distintas pretemporadas en el Muntanyà.

Cruyff era básicamente un rebelde. Fichó por el Barça en 1974 porque el ajax lo quería traspasar al real Madrid. Jugó el famoso Mundial de alemania de 1974 con una camiseta diferente a la de sus compañeros porque tenía un acuerdo con puma y no aceptó las exigencias de adidas. se negó a jugar cuatro años después el Mundial de argentina, cuando estaba en su mejor momento futbolístico. Y ya al final de su carrera, en 1983, tras su vuelta a amsterdam, se sintió maltratado por el club que consideraba que ya estaba acabado y se fue al principal rival, el Feyenoord, y allí se impuso ganando la Liga.

Indomable, imprevisible, con una fe en sí mismo y su gente de confianza que rayaba la impertinencia, Cruyff cambió la historia del Barça por tres veces: como jugador, como entrenador y después como asesor de Joan laporta, a quien recomendó que fichara de secretario técnico a Txiki Begiristain –“es el jugador más listo que he tenido”, me dijo una vez– y como entrenador a Frank Rijkaard. años después apadrinaría también a Pep Guardiola, a quien acostumbraba a dar toda clase de consejos.

Su carácter indómito le creó no pocos problemas. pero siempre tenía un punto de optimismo, el mismo con el que contagió a los culés que empezaron a ver a su Barça como un equipo ganador. “Ves. las cosas que se hacen con ilusión y pasión siempre acaban bien. nunca falla. es fácil”, me dijo en otra ocasión.

Amigo de fidelidad absoluta con sus amigos y despreciativo sin rencores con sus enemigos. se sentía muy por encima de aquellos que le criticaban.

Quizá lo mejor es la definición que él mismo se hace en una autobiografía que se publicó poco después de su muerte: “soy un atacante, no temo a nadie y estoy acostumbrado a crear. por eso nunca he tenido vergüenza”. Nunca le hizo falta.

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Johan Cruyff, genialidad y generosidad

22 Mar 2026 - La Vanguardia (1ª edición)
Joan Laporta Presidente electo del FC Barcelona

Todos los culés tenemos una imagen instalada en nuestro sentimiento barcelonista, un sentimiento que es personal y colectivo a la vez. Y muy a menudo es a partir de este recuerdo que cada uno puede explicar qué es y qué significa el Barça. El 17 de febrero de 1974, el Barça ganaba 0-5 en el campo de nuestro eterno rival. Más allá del hito deportivo, de la exhibición futbolística de aquel equipo maravilloso liderado por Johan Cruyff, aquella gesta explicaba muchas cosas. Yo solo tenía 11 años entonces, pero aquel 0-5 me ha acompañado toda la vida y ha sido una referencia en mi manera de entender el Barça.

En la memoria de mi infancia perdura el recuerdo de la llegada de Johan a Catalunya, acompañado de Danny, una rubia guapísima que nos enamoró en todos. Cruyff lucía peinado y vestimenta al estilo Beatles, un aliento de modernidad en una Catalunya que anhelaba recuperar la libertad. Los de mi grupo queríamos ser como él, intentábamos jugar como él, queríamos correr como él. Era nuestro ídolo. El martes hará diez años que nos dejó, aunque Johan no se ha marchado nunca porque lo tenemos siempre presente, porque cuando hablamos de él lo recordamos inevitablemente con una sonrisa y porque los que lo amamos intentamos reflejarnos en su magisterio en nuestro día a día. Nos enseñó que se puede ganar haciendo las cosas bien, basándonos en la excelencia, al preferir ser los mejores que ser los primeros. Y este es un mensaje que siempre tengo presente a la hora de tomar decisiones, en el Barça y en la vida.

Cruyff no solo nos enseñó el camino del triunfo en el terreno deportivo sino que también recuperó la moral de la victoria, y no a cualquier precio, la victoria conseguida con brillo, con estilo. Para él, el fútbol tenía que ser un espectáculo, una bella composición artística en torno a una pelota movida con toque y precisión. Así lo supo transmitir primero como jugador y después como entrenador de un equipo de ensueño.

Johan Cruyff fue un alma libre, un genio universal, un innovador, un revolucionario. Nos hizo mejores, y le estaremos eternamente agradecidos. Poco antes de morir nos recordaba que “el fin de semana el Barça siempre tiene que dar algo para que los lunes la gente vuelva feliz al trabajo”. En esta línea estamos, Johan, con un equipo que combina el talento adquirido en la Masia y lo que aportan futbolistas venidos de otras latitudes futbolísticas, todos ellos bajo la atenta dirección de Hansi Flick, cruyffista incluso en la mirada de sus ojos azules. Johan Cruyff fue amado y admirado.

Y lo será siempre, porque su huella es eterna. Así que salimos y disfrutamos de la vida, que con los ojos de Johan es maravillosa.

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