Cruyff, el mito vive 10 años después


El mito de Cruyff pervive una década después

El singular estilo del jugador y entrenador aún es un modelo global
Bakero y Valdano recuerdan al neerlandés visionario
El actual Barça de Flick se inspira en el espíritu del Dream Team

Johan fue un rebelde que se enfrentaba al poder y sus 
compañeros del Ajax y el Barça le entregaron la capitanía

22 mar 2026 - El Periodico - Castellano
JOAN DOMÈNECH
Barcelona

Dícese del cruyffismo que es la corriente futbolística que sigue la doctrina de Johan Cruyff (Amsterdam, 25 de abril de 1947, Barcelona, 24 de marzo de 2016). Uno de los cinco mejores futbolistas de todos los tiempos, el único de todos ellos que causó un impacto similar al ejercer de entrenador. La dimensión de una figura está directamente relacionada con la perdurabilidad de su recuerdo o la vigencia de sus principios, y los de Hendrik Johannes Cruyff permanecen duraderos. Aunque ya no esté él para alimentarlos con frases que se han convertido en aforismos. Lo hacen otros. Apóstoles que le siguieron –la mayoría de los jugadores que tuvo en el Barça han sido o son entrenadores–, siendo Pep Guardiola el más destacadopor modernizar preceptos que no solo han desaparecido, sino que se van copiando por el mundo.

Cruyff, como Alfredo di Stéfano, Pelé, Diego Maradona y Lionel Messi, fue grande por sus genialidades sobre el césped y la recolección de un palmarés de títulos apabullante. Pero una vez retirado, y a diferencia de los demás -Messi está por ver qué será de mayor-, amplió sus éxitos cuando se convirtió en entrenador. No sólo conquistó títulos, sino que la filosofía de juego marcó una época. Que no ha terminado. El legado es eterno.

Fue mucho más que una moda que se extingue. El cruyffismo futbolístico ha superado ya las pruebas ratificadoras de los resultados; en cualquier caso, estuvo en duda en sus albores, cuando trataba de abrirse camino en el fútbol desde el banquillo. Primero en el Ajax, un territorio hogareño; a continuación en el Barça convulso de 1988. Josep Lluís Núñez recurrió a él para salvar su mandato. A los diez años de su presidencia, que había empezado con el despido del Cruyff jugador, se entregaba al Cruyff entrenador. Núñez solo había celebrado una Liga y el vestuario se le había amotinado y pidió su renuncia al cargo. La convivencia se transformó en una manifiesta incompatibilidad mutua. Una de las derivadas del cruyffismo en contraposición al nuñismo.

Insumisión constante

La rebeldía frente al poder establecido. La insumisión que ya exhibió en 1973 cuando el Ajax quería traspasarle al Real Madrid y él amenazó con retirarse si no le dejaban firmar por el Barça. La firmeza ante los pitos del público a José Ramón Alexanco, uno de los capitanes de la plantilla en el motín del Hesperia en la presentación del equipo en 1988, y al que mantuvo a su lado incluso después de retirarse. A Johan le encantaba el desafío. Con Núñez las trifulcas fueron constantes. «Es una figura clave en la historia del Barça y del fútbol mundial», afirma Josep Maria Minguella, que le trató en todas las vertientes posibles. El renombrado agente de futbolistas fue en los setenta ayudante y traductor de Vic Bucking ham, entrenador del Barça, pero descubridor y padrino de Cruyff al promover su debut en el Ajax a los 17 años. Fue la mano derecha de Marinus Michels, neerlandés y sucesor de Buckingham en el Ajax y en el Barça, que le encargó que se convirtiera en el asistente de Cruyff a su llegada a Barcelona.

El mejor jugador del mundo y el traspaso más caro hasta entonces del fútbol, volaba desde la moderna Holanda a la España de la dictadura con dos hijas, pelo largo y cadenas y pulseras. Minguella acabó sentándose en el otro lado de la mesa con el Cruyff entrenador a la hora de negociar los contratos de sus representados. «Siempre tuvimos una relación muy cercana y muy leal. Era un tío de calle», subraya.

Carecía de formación académica, pero le sobraba formación vital. Huérfano desde los 12 años, trabajó para ayudar a la familia hasta que sus dotes le convirtieron en el jugador más grande los Países Bajos. Da nombre al estadio del Ajax y a la Supercopa neerlandesa.

El primer sindicalista

«Él fue el primer sindicalista del fútbol. Con 22 años logró que los jugadores cedieran el 5% de su salario para un fondo destinado a exfutbolistas con apuros económicos o jubilados», explica Joan Patsy, fiel amigo desde que la mañana de Reyes de 1986 viajara a Amsterdam, enviado por El Periódico de Catalunya, ante la sólida perspectiva de que acabara siendo entrenador del Barça. Núñez tardó cuatro meses en llamarle.

A Cruyff le nombraron capitán en el Ajax sin ser, ni mucho menos, de los más antigos de la plantilla, y lo mismo sucedió en el Barça. Al año siguiente de irrumpir de azulgrana, y líder del equipo campeón de 1974, 14 años después de la última Liga, le cedieron el brazalete. Para que negociara las primas con Agustí Montal; para que les gestionara seguros contra las lesiones.

Ese carisma entre sus iguales derivó en un indiscutible liderazgo al convertirse en entrenador. «El puto jefe», como diría Pep Guardiola. «Cada entrenamiento era una lección», añade Òscar Garcia Junyent, que hoy vive tan impregnado de cruyffismo que es el entrenador del Ajax tras haber sido discípulo suyo en el Barça, y ayudante en la selección catalana. «Nadie tuvo cojones para preguntarle por qué no juego», susurra un exdiscípulo, que nunca se lo preguntó. No tanto por el miedo que infundía Cruyff, «sino por el miedo de la respuesta que te podía dar». Patsy recuerda las veces que amenazó a Núñez con irse del

Barça cuando el presidente llamaba a El Periódico y a TV3 luego para pedir la cabeza del periodista. En 1974, se negaba a ir al Mundial de Alemania porque él vestía con la firma Puma y Adidas era la patrocinadora de la selección. Su camiseta fue la única que tenía las dos bandas en la manga y no las tres de la marca. Con el Ajax había impuesto que luciría el 14 cuando la numeración era del 1 al 11. Todo eso fue posible porque su calidad le convirtió en un líder y ese poderío lo convirtió en firmeza para defender sus postulados, fueran deportivos o civiles.

Cruyff reinterpretó el fútbol total de Holanda de los 70 en el juego de posición que ha pervivido desde los 80 hasta hoy. El legado definitivo, además de la identidad futbolística que reconoce Hansi Flick en el Barça –«ya sé que es tan importante el ganar como la manera de ganar», asume el técnico alemán– es La Masia. El árbol que plantó sigue dando frutos. De Amor, Guardiola, Sergi a Cubarsí, Bernal, Casadó y Lamine Yamal.

Una filosofía de vida

Para muchos de sus allegados, el cruyffismo ha derivado en una filosofía de vida. Al astro neerlandés le enervaba el victimismo de los catalanes, que ayudó a cambiar, al menos el de los futboleros, pero no pudo cambiar -a tanto no llegóque la celebración nacional sea la derrota del 11 de septiembre de 1714. La obstinación que tanto enervaba al poder contrastaba con su sorprendente humanidad. Las numerosas obras de caridad que hizo permanecerán secretas, ya que partían de una premisa: jamás podían llegar a saberse. Una de las virtudes que le caracterizó. Dejó en vida la Cruyff Foundation, que promueve la práctica del deporte para niños con necesidades especiales, y el Johan Cruyff Institute, un programa de estudios para deportistas.

«Lo único que no puedo arruinar es mi nombre, es lo que tengo para toda la vida», dijo. Y después de ella.


***

Aprender del cruyffismo

Parece que Johan nunca confundió la persona y el personaje. 
Jamás se quedó sin cenar por una derrota.

22 Mar 2026 - El Periodico - Castellano
Diego Barcala es director de la Revista Líbero.

El cruyffismo, como cualquier otro derivado de la metafísica, ha sido manoseado más de lo necesario. Y como todas las religiones, no siempre ha traído un mundo mejor. En nombre del legado de Johan se ha defendido que un partido sin tirar a puerta es un gran espectáculo porque el balón ha permanecido la mayor parte del tiempo entre nuestros jugadores o que la victoria y la derrota en el deporte son en realidad un capricho superfluo comparado con el objetivo pulcro y supremo de una jugada bonita. Una década después de la triste desaparición del profeta ha llegado la hora de preguntarse qué es en realidad el cruyffismo. «Por razones familiares he convivido con el comunismo, con el no catolicismo, con el anarquismo, con el liberalismo... Ninguna me ha convencido hasta que di con el cruyffismo que resuelve casi todo y además tiene una cosa muy buena, es inofensiva. No va contra nadie y la puedes aplicar muy a la carta, que es una de las cosas que hace Cruyff. O sea, Cruyff es cruyffista siempre que lo necesite», explica el escritor Sergi Pàmies en la edición de Líbero dedicada a Johan Cruyff que se puede adquirir desde hoy en EL PERIÓDICO.

Me gusta esa definición del cruyffismo como una moderna filosofía de vida. Y no viene de un profano. A finales del siglo pasado, todavía con José Luis Núñez en el palco, el barcelonismo sufría el trauma del despido de Cruyff como entrenador. La afición, que en el caso del Barça es como hablar en general de los catalanes, discutía sin tregua entre cruyffistas y anticruyffistas en las casas, los bares y los pasillos del estadio. La herida sangraba cuando la sociedad civil (otro concepto propiamente catalán ciertamente manoseado) se organizó para que el club diera a Johan un merecido homenaje con un partido en el Camp Nou. De fondo había un litigio económico con el finiquito pero las fuerzas vivas del cruyffismo se reunieron varias veces en un contubernio llamado comisión del honor. En una de esas citas, Pàmies tomó papel y boli al dictado del exministro Ernest Lluch o Marta Ferrusola para redactar un comunicado que instaba a Núñez a organizar el partido si no quería ver barricadas en la Diagonal. En esa escena, tan seria y tan cómica a la vez, reside gran parte del simbolismo del Barça. Un tipo que diseñó la sanidad pública, la mujer del president Pujol y el talento de un gran escritor dedicados en cuerpo y conciencia al homenaje a un entrenador de fútbol.

Lo más divertido del cruyffismo es cómo Johan Cruyff vivía al margen. Cuenta Jordi Cruyff en la revista que su mayor agradecimiento como hijo del mito es que nunca se llevara el fútbol a casa. Parece que Johan nunca confundió la persona y el personaje. Jamás se quedó sin cenar por una derrota. Desde que perdió la final del Mundial 74 contra Alemania siempre encontró cómo darle la vuelta a la desgracia. En aquella ocasión convirtió los elogios de la crítica a la naranja mecánica en un triunfo mayor que el campeonato y extrajo una de sus principales máximas: si pierdes que sea con tus ideas.


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