«Cruyff fue un visionario, un motor que te arrastraba»
José Mari Bakero y Johan Cruyff
conversan en el vestuario del Camp Nou.
El centrocampista vasco, uno de los líderes del vestuario, vivió la era Cruyff en el Barça desde el primer hasta el último día
«Éramos un grupo de jugadores alrededor
de él que parecíamos como un clan»
22 Mar 2026 - El Periodico - Castellano
MARCOS LÓPEZ
— ¿Qué le evoca Cruyff?
— Para empezar, dos cosas: convicción y personalidad. Convicción porque enseñó a jugar de una manera. Johan creó lo que se llama especialistas posicionales. Nos fue colocando en la orquesta a cada uno. A partir de ahí, la música comenzó a sonar.
— ¿Por qué?
— Hay una frase de Picasso que es muy buena: «Los buenos artistas copian, los grandes artistas roban». ¿Qué quiere decir? Nosotros veíamos en todo momento que lo quería Johan era realmente suyo. Lo de Johan no era robado ni copiado, siguiendo ese ejemplo de Picasso. Lo de Johan era su esencia. Y, además, tenía algo imprescindible para que se le viera auténtico.
— ¿Qué era?
— Personalidad. Ya lo dije. Tenía una personalidad arrolladora. A nivel social, de directiva, de equipo... Eso le permitía decir cosas que escuchadas de otras personas tú no las creerías nunca. ¿Por qué? Porque tenía una convicción personal y una convicción deportiva. Y en Johan iba siempre junto.
— ¿A qué se refiere?
— A que otros entrenadores actúan de una manera distinta en función de las circunstancias; Johan, no. Tenía una idea de juego y una idea social, donde entraba la directiva, los jugadores, la prensa... Todos, vamos. Con esa convicción y esa personalidad, arrastraba.
— ¿Fue el motor del cambio?
— Claro. Era un motor que te arrastraba. Un motor con una gran energía. Johan, además, lo que hacía en el fondo era ponernos a prueba a cada momento. Tenía una fuerza mental tan brutal que exigía al máximo. Te exigía y competía al límite. Lo hacía a nivel individual y colectivo ¡Y en todos los aspectos! Era tan fuerte que no se cansaba nunca. Los cinco o seis primeros años fueron espectaculares en el sentido de que nunca lo veías débil.
— ¿Nunca?
— Nunca. Y eso es dificilísimo en un club como el Barça.
— ¿Cómo resistía?
— Por su convicción y porque tuvo la fortaleza de hacerlo pese a todos los problemas que tuvo al inicio. Johan sabía lo que nos quería transmitir, por lo el equipo fue de menos a más. Ganamos primero la Recopa, luego la Copa del Rey, después la Liga y luego Liga y Copa de Europa.
— El camino no fue sencillo.
— Claro que no en esos años donde hubo tantas dudas y tantas críticas con resultados complicados. Pero Johan se mantuvo firme, y cuando ves esa convicción sientes que él estaba creando un verdadero equipo. Éramos un grupo de jugadores alrededor de él que parecíamos como un clan. Ibamos con Johan porque nos transmitía esa fuerza. Quien no quería o no podía seguirle, se quedaba fuera. Eso fue algo muy duro para muchos compañeros.
— Usted venía de una personalidad dura y firme como la de Toshack en la Real Sociedad.
— Son personalidades muy diferentes aunque tuvieran también algunos aspectos muy parecidos. De Toshack siempre digo que era competir y vivir. Es decir, que le gustaba que tú pudieras disfrutar de la vida. ¡El típico inglés! Nos íbamos una semana a Marbella y te dejaba salir por la noche. Johan era competir al máximo nivel y luego, en el día a día, era más como un profesor.
— ¿Y eso?
— Con Johan aprendías más cosas, tanto profesionales como personales. No era fácil, aunque ahora parezca todo muy bonito.
— Los dos primeros años, que estuvieron llenos de críticas y dudas.
— No, no fue nada fácil. Y, además, tuve yo también muchísimas críticas en mi posición. Críticas muy duras, pero siempre sentí la confianza absoluta de Johan con la historia que se creó con lo de mi pase hacia atrás. En aquel vestuario había muchísimos líderes. Después, cuando hemos hablado con Zubi, con Alexanko, con Ronald, con Pep, con Txiki, con Eusebio, con Amor, con Michael, recordábamos la personalidad que había en ese grupo. Y Johan, que era tan inteligente, hacía pulsos cada día con todo el mundo con lo que él siempre decía del «control social» en el vestuario. Y de las ‘vacas sagradas’. Al final, el equipo salía fortalecido.
— ¿Fue un cambio cultural?
— Hasta ese momento nadie se había atrevido a jugar así como nosotros en España. Es un privilegio haber vivido esa transición.
— Más que transición fue una verdadera revolución.
— Lo primero que hizo Johan fue crear una mentalidad ganadora. Pero antes decidió hacerlo con lo que él llamaba los peloteros. O sea, jugadores menos físicos, menos fuertes, pero con una decidida apuesta de jugar con el balón. Eso, afortunadamente, ha trascendido al Barça gracias al legado de Pep especialmente, pero también a nivel mundial porque se vivió un boom de una manera de jugar. Johan fue un visionario. Anticipaba cosas que nadie había visto. Anticipaba y ¡provocaba, eh! ¡Provocaba! Solo quería gente mentalmente fuerte.
— Todo empezó con Cruyff
— Exacto. Fue un pionero. Ahí estaba la dificultad . Por eso, pasamos lo que pasamos. Pero el legado que ha dejado Johan al Barça y también a todos es fantástico. Además, aunque tuvo sus discrepancias con Núñez, es justo reconocer que el presidente creó La Masia. El Barça debe estar especialmente orgulloso de dos cosas.
— ¿Cuáles?
— Una es su modelo de fútbol que nació aquí y ha trascendido, con matices, a todo el mundo. Y la segunda es que la escuela de fútbol más fuerte, y más envidiada, diría yo, es La Masia. Todos la quieren imitar. Eso es un legado increíble. De Johan y Núñez, ¡ojo! La visión que tuvo el presidente hay que reconocérsela también.
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