ARGENTIN: «El doctor Ferrari conmigo no fabricaba cócteles dopantes»


Getty - El italiano Moreno Argentin, 
en la Milán-San Remo de 1992.

El corredor que más veces ha ganado la Lieja-Bastoña-Lieja, el monumento que cierra hoy el carrusel inicial de clásicas de un día, habla con ABC sobre su ciclismo y el actual

EN SUS AÑOS COMO CORREDOR 
«Italia estaba a años luz en metodología de entrenamiento, trabajo, determinación y constancia»
   - MORENO ARGENTIN
     Exciclista italiano

26 Apr 2026 ABC (Castilla y Leon)
Julio Ocampo 

Acaba de ver ganar la Flecha Valona a Paul Seixas cuando responde por teléfono a ABC desde la línea de meta. El aroma de la Lieja-Bastoña-Lieja, que se disputa este domingo, ya está en el ambiente, y para él – Moreno Argentin (San Donà di Piave, Italia, 65 años) – es como oler la sangre. La ganó hasta en cuatro ocasiones, tres de ellas consecutivas. Oírle hablar de esta clásica-monumento es como departir con Noé acerca del agua. Efectivamente, es un territorio sin secretos. Un abismo adocenado.

—Es obligatorio comenzar por el nuevo fenómeno: Paul Seixas.

—El mundo ha cambiado. El ciclismo que hacía yo no es el de hoy. Sí, en los últimos tiempos han surgido corredores jóvenes como Pogaçar, Evenepoel, ahora Seixas… Él es el más joven de todos. Puede ser que hablemos de un ciclista importante para el futuro. Debe mejorar mucho aún, y es menester dejarlo tranquilo.

—Noto un cierto desencanto en estas palabras. No sé si rechazo al ciclismo de hoy o melancolía por sus tiempos bravos en los ochenta y noventa.

—Nostalgia, quizás. En mis tiempos, en la primera vuelta con el Muro de Huy ya había emoción a raudales. Mucha competitividad, muy atractivo todo. La carrera ya era muy dura y difícil. Aquí ha llegado un gran grupo a los pies de la última subida. El nivel entre los rivales es parecido, y todos le han tendido una alfombra roja a Seixas.

—¿Todo es estándar y previsible?

—Exacto. Ahí quiero llegar. Larga vida a los jóvenes, larga vida a los jóvenes, larga vida a los jóvenes.

—Centrémonos en la Lieja-Bastoña-Lieja, su carrera fetiche. La ganó en cuatro ediciones: 1985, 86, 87 y 91. ¿Con qué momentos se queda con la decana de las clásicas?

—De todas guardo anécdotas, momentos mágicos. En 1985, por ejemplo, vine de un segundo puesto en la Flecha, tras Claude Criquielion. Después, ese domingo, me impuse tanto a él como a Stephen Roche. Ellos ya eran ciclistas muy consolidados. Eso me abrió las puertas de todo. Especialmente gané en autoestima.

—La del 87 tuvo algo de suerte.

—Sí, todo el mundo la recuerda. Con la ‘maglia’ de campeón del mundo (Colorado, 1986). Es que delante, tanto Roche como Criquielion no paraban de mirarse, de estar atentos entre ellos… Llegué por detrás como un bandido, un halcón. Imposible olvidar. Verás, la Lieja es una carrera relativamente fácil. Es una ‘corsa’ seleccionada y no natural. Tienes que adquirir una buena forma, un gen ganador y fuerte para no caer en determinadas trampas. La clave era estar siempre ahí arriba… En definitiva, para mí era más sencilla ésta que una San Remo, por ejemplo.

—Se la arrebató Sean Kelly en 1992. Era otro cazador de clásicas ¿Me describe el panorama presente?

—Hay una generación de corredores nuevos, jóvenes, y estos han modificado la manera de pedalear. Corren como si fueran amateurs. No sé, quizás ya en la Lieja cambiará el escenario, con Pogaçar o Evenepoel. Sí, el faro grande será Tadej, quien además tendrá su escuadra a disposición. Será dura la ‘corsa’, pero él ahí se mueve bien. Respecto al resto, incidir en este cambio generacional. Parece que un joven ahora pueda ya resistir determinados esfuerzos. No sé, si fuera Seixas… Él está creando muchas expectativas. Si fuera él, sería cauto. No me lanzaría a todo: clásicas, Giro, Tour… Si eres bueno, después te llevan a correr todo, y es un riesgo. Puedes quemarte enseguida, sobre todo mentalmente.

—1993, con Mecair-Ballan logra muchas etapas en el Giro. Un año después, la Gewiss revienta Flecha Valona. Ganó usted, seguido de Furlan y Berzin, respectivamente. Todos de la misma escuadra. Sabe mejor que yo toda la polémica suscitada.

—Era muy simple. Estábamos muy adelantados en la metodología de entrenamiento. Encontramos tres corredores con las mismas características. Además, aquella fuga no fue programada.

—A la gente le dio que pensar. Eran los años de Michele Ferrari. Además, ese año la Gewiss monopolizó prácticamente todo. Berzin, incluso, ganó el Giro. Después, en el Tour con Ugrumov segundo… Usted, ya mayor, resurgido tras el bajón fisiológico de finales de los ochenta…

—Es obvio que a la gente diera que pensar, pero Italia estaba a años luz en metodología de entrenamiento. En mi caso, tenía mi preparador; ya hacíamos la altura. Estábamos mucho más preparados que el resto. Nosotros efectuamos todos los controles pertinentes, luego nada que recriminar en este caso. Muchos entrenamientos por encima de los dos mil metros. Trabajo, determinación y constancia.

—En este sentido se erigió en un pionero, un revolucionario. No me negará que la figura de Michele Ferrari fue, cuanto menos, controvertida.

—Inicié una nueva mentalidad, sí. Respecto al doctor Ferrari… Cuando estaba conmigo, puedo garantizar que era uno de los mejores preparadores, sin duda. No me refiero a fabricar cócteles de dopaje, ¿entendido? Era uno que nos hacía trabajar. Después, sí, tomó otros caminos, porque el tema Armstrong no se puede olvidar. En mi caso, subrayar que hice solo lo que mi cuerpo y mente podían aceptar. No me excedí. Acudí a los controles pertinentes, siempre.

—Usted estuvo encasillado a las clásicas de un día, pero hizo algunas performances importantes en el Giro. Una vez quedó tercero en 1984, tras Moser y Fignon. Luego, como muchos, sufrió las bocanadas de Induráin.

—Miguel era el mejor, incluso cuando no estaba bien. Las carreras por etapas, pese a algunos buenos resultados cosechados, no se ajustaban a mis características.

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