Se espera mucho de los técnicos, pero el Mundial es de las figuras


GETTY - Bielsa, en el foco de los 
cuestionamientos desde que se despidió Uruguay

3 Jul 2026 - LA NACION
Ariel Senosiain

MIAMI.- De una derrota mundialista no se sale igual. Varios de los entrenadores eliminados padecieron las consecuencias de las eliminaciones. La televisión surcoreana difuminó la imagen de Hong Myung-Bo, lo mismo que suele realizarse ¡con un delincuente! Julian Nagelsmann pasó de ser un faro de la nueva era a que las glorias alemanas lo cuestionaran fuertemente. Pape Gueye, el volante senegalés que además juega en el Villarreal español, anunció que no volverá al seleccionado mientras siga el técnico Pape Thiaw. Marcelo Bielsa decidió cerrar el ciclo con una conferencia de prensa. Pero Bielsa merece un párrafo aparte.

Fueron 95 minutos de exposición, ayudado de estadísticas de todo tipo. Bielsa quiso que quedara claro que la eliminación no se debió a la relación de los futbolistas con él sino a que, en el fútbol, los resultados pueden no ir de la mano con los merecimientos. Aseguró que Uruguay debió haber sumado siete puntos, no dos como sumó, lo cual podría abrir un debate porque su conteo de situaciones de gol excluye el apuro con el que jugó su equipo, sin creatividad ni paciencia.

Bielsa siempre armó tribus. Los títulos de su carrera no condicen con la corriente que armó. Su legado y su impacto siempre pasaron más por lo que contagiaron sus equipos. Allí pudo haber radicado su principal derrota. Al fin de cuentas, los últimos buenos resultados de Uruguay sucedieron hace quince años. Lo que podía esperarse con su llegada era que el seleccionara armara sentido de pertenencia con el público. No salió. Los mismos procedimientos pueden generar distintos resultados. La falta de resultados llevó a que en Uruguay se reeditara el tema de siempre: la identidad futbolera. De un lado, quedaron los que lamentaron no haber aprovechado a un técnico distinto. Del otro, los que piden que la Celeste nunca se aparte de las viejas fórmulas. Pese a que la garra a veces está a un paso de la bravuconada y esta, por momentos, se vea en blanco y negro.

El Mundial explota el tema de las identidades. Estas parecen borroneadas y hay razones para así ocurra. Una, en todas las divisiones juveniles de los clubes europeos se trabaja parecido, sin importar nacionalidades. Otra, hay técnicos itinerantes que llevan su manual de un país a otro. Y una última, casi no hay selección que no se valga de un extranjero nacionalizado. Si les sacáramos las camisetas, sería difícil distinguir a la mayoría. En ese contexto, España se luce desde hace casi dos décadas porque cambió. Y Philipp Lahm, el campeón del último título mundial de Alemania, pide reconectar con las fuentes en un próximo ciclo. Parece tener razón el que gana. Quiere cambiar el que pierde.

Tal vez se espere demasiado de los entrenadores. Llegan con laureles, tienen experiencia mundialista, se hacen rankings con lo que cobran (y algunos cobran fortunas impensadas hace años). Inglaterra, los creadores con pocas coronas, confió en un alemán, Thomas Tuchel, que metió mano fuerte en la convocatoria y quiere que el equipo sea suyo. Pero por ahora tiene más individualidades que equipo. Brasil recurrió a lo inédito, un extranjero, porque ya no sabía qué hacer. Otra vez la identidad: ¿de qué Brasil se habla cuando se reclama que vuelva el de siempre? ¿Del campeón de hace 56 años? ¿Del que ilusionó en España 82 pero del que ya pasaron 44 años? El técnico recordó que hubo campeones con orden, sacrificio y un par de figuras. Por lo pronto, Brasil no es aquel Brasil, pero Ancelotti ya es Ancelotti.

Los africanos fueron revelación en la fase de grupos y ya varios se quedaron afuera en dieciseisavos. Hubo un punto en común en varios de ellos: no pudieron conservar el triunfo parcial o detener el embate de un rival decidido. Mejoraron la técnica, aprendieron de táctica. Les falta el elemento más importante: el carácter, la mentalidad, lo que eleva o apaga lo otro. Senegal tenía todo encaminado y Costa de Marfil pintaba para más. A Ecuador le pasó lo mismo que a los marfileños: haber quedado afuera en el medio de la competencia es insuficiente. De eso se trata un Mundial, de no tener un mal día para no arrepentirse cuatro años.

Volvemos a Bielsa. En aquella conferencia, encontró un número especial para demostrar que el plantel pudo no haberse visto cautivado pero sí se mostró involucrado. Desenamorado, aunque responsable. El número fue el de la distancia recorrida por sus jugadores en los partidos. Uruguay corrió, dijo Bielsa, entre un 20% y un 25% más que sus rivales.

Para intensidad, igualmente, ninguno como Estados Unidos. Hay un caso individual único en cuanto al despliegue: Harry Kane. Corre como si fuese un volante de dinámica, juega como un 9 con pies de 10. Para tener una referencia, Moisés Caicedo tuvo una presencia física exuberante en la victoria de Ecuador a Alemania y corrió 11,1 kilómetros. Cuando le hizo los dos goles a República Democrática del Congo, Kane llegó a 11,5. Obvio, sería un desperdicio sólo posar la mirada en ese listado. Habría que hacer un recorrido muy largo hasta encontrar a Messi, que apenas supera los 6 kilómetros por partido.

El Mundial de los técnicos apuntados, las selecciones que se animan pese a tener menos jerarquía y las estadísticas como respuesta a todo es, en primer término, el de las figuras. Las de antes son las de hoy. Las revelaciones se inspiran en ellos, no les sacan el lugar. El único del grupo de cracks que en Qatar veía todo por televisión es Lamine Yamal, casualmente el que mejor mezcla técnica y cabeza entre los Sub 23. Messi, Mbappé, Dembéle, Kane y Vinicius estaban y siguen estando. El Mundial, uno de los mejores inventos de la humanidad, se vende solo. Se promociona con ellos. Como en aquella presentación de la inolvidable Héroes de México 1986, las figuras comienzan la película y la protagonizan. Después, mejoran todo lo que haya a su alrededor.

***

GETTY - Bielsa, al centro delle
critiche da quando l’Uruguay è stato eliminato

Ci si aspetta molto dagli allenatori, ma i protagonisti del Mondiale sono i grandi campioni

3 luglio 2026 - LA NACION
Ariel Senosiain

MIAMI.- Da una sconfitta ai Mondiali non si esce indenni. Diversi allenatori eliminati hanno subito le conseguenze delle eliminazioni. La televisione sudcoreana ha sfocato l’immagine di Hong Myung-Bo, proprio come si fa di solito con un criminale! Julian Nagelsmann è passato dall’essere un faro della nuova èra a essere fortemente criticato dalle glorie tedesche. Pape Gueye, il centrocampista senegalese che gioca anche nel Villarreal spagnolo, ha annunciato che non tornerà in nazionale finché resterà in carica l’allenatore Pape Thiaw. Marcelo Bielsa ha deciso di chiudere il ciclo con una conferenza stampa. Bielsa però merita un paragrafo a parte.

Sono stati 95 minuti di esposizione, corroborati da cifre di ogni tipo. Bielsa ha voluto chiarire che l’eliminazione non è stata dovuta al rapporto dei calciatori con lui, ma al fatto che, nel calcio, i risultati possono non andare di pari passo con il merito. Ha affermato che l’Uruguay avrebbe dovuto totalizzare sette punti, non due come invece ne ha raccolti, il che potrebbe aprire un dibattito perché il suo conteggio delle occasioni da gol non tiene conto della precipitazione con cui la sua squadra ha giocato, senza creatività né pazienza.

Bielsa ha sempre creato delle “tribù”. I titoli conquistati nella sua carriera non rispecchiano la corrente che ha dato vita. La sua eredità e il suo impatto sono sempre stati legati più a ciò che le sue squadre hanno saputo trasmettere. È proprio lì che potrebbe aver avuto origine la sua principale sconfitta. In fin dei conti, gli ultimi buoni risultati dell’Uruguay risalgono a quindici anni fa. Ciò che ci si poteva aspettare dal suo arrivo era che l’allenatore riuscisse a creare un senso di appartenenza con il pubblico. Non è andata così. Gli stessi metodi possono generare risultati diversi. La mancanza di risultati ha portato in Uruguay a riaprire il solito dibattito: l’identità calcistica. Da una parte, ci sono stati quelli che hanno rimpianto di non aver approfittato di un allenatore diverso. Dall’altra, quelli che chiedono che la Celeste non si allontani mai dalle vecchie formule. Anche se la grinta a volte è a un passo dalla spavalderia e questa, a tratti, appare in chiaroscuro.

I Mondiali mettono in luce il tema delle identità. Queste sembrano sfumate e ci sono ragioni per cui ciò avvenga. Innanzi tutto, in tutte le categorie giovanili dei club europei si lavora in modo simile, indipendentemente dalle nazionalità. In secondo luogo, ci sono allenatori itineranti che portano il proprio metodo da un Paese all’altro. E infine, non c’è quasi nessuna nazionale che non ricorra a un giocatore straniero naturalizzato. Se togliessimo loro le maglie, sarebbe difficile distinguere la maggior parte di loro. In questo contesto, la Spagna si distingue da quasi due decenni proprio perché è cambiata. E Philipp Lahm, campione dell’ultimo titolo mondiale della Germania, chiede di ricollegarsi alle origini nel prossimo ciclo. Sembra abbia ragione chi vince. Chi perde vuole cambiare.

Forse ci si aspetta troppo dagli allenatori. Arrivano con gli allori, hanno esperienza mondiale, vengono stilate classifiche in base a quanto guadagnano (e alcuni incassano fortune impensabili anni fa). L’Inghilterra, gli inventori con pochi allori, ha riposto fiducia in un tedesco, Thomas Tuchel, che ha messo mano con decisione alla rosa e vuole che la squadra sia la sua. Ma per ora ha più individualità che squadra. Il Brasile ha fatto ricorso a una scelta senza precedenti, uno straniero, perché non sapeva più cosa fare. Ancora una volta l’identità: di quale Brasile si parla quando si chiede che torni quello di sempre? Del campione di 56 anni fa? Di quello che fece sognare in Spagna nel ’82, ma di cui sono già passati 44 anni? Il commissario tecnico ha ricordato che ci sono stati campioni con ordine, sacrificio e un paio di fuoriclasse. Per ora, il Brasile non è quel Brasile, ma Ancelotti è già Ancelotti.

Le squadre africane sono state la rivelazione della fase a gironi e molte sono già state eliminate agli ottavi. C’era un punto in comune tra molte di loro: non sono riuscite a mantenere il vantaggio o a fermare l’assalto di un avversario determinato. Hanno migliorato la tecnica, hanno imparato la tattica. Manca loro l’elemento più importante: il carattere, la mentalità, ciò che esalta o annulla tutto il resto. Il Senegal aveva tutto sotto controllo e la Costa d’Avorio sembrava destinata a fare di più. All’Ecuador è successo lo stesso che agli ivoriani: essere stati eliminati a metà della competizione non basta. È questo il senso di un Mondiale: non avere una giornata storta per non avere rimpianti per quattro anni.

Torniamo a Bielsa. In quella conferenza stampa, ha trovato un dato particolare per dimostrare che la squadra, pur non essendo stata affascinata, si è comunque dimostrata coinvolta. Disillusa, ma responsabile. Il dato era quello della distanza percorsa dai suoi giocatori durante le partite. L’Uruguay ha corso, ha detto Bielsa, tra il 20% e il 25% in più rispetto ai propri avversari.

Per quanto riguarda l’intensità, però, nessuno è come gli Stati Uniti. C’è un caso individuale unico in termini di dispiegamento: Harry Kane. Corre come se fosse un centrocampista dinamico, gioca come un numero 9 con i piedi da numero 10. Per avere un termine di paragone, Moisés Caicedo ha avuto una presenza fisica esuberante nella vittoria dell’Ecuador sulla Germania e ha corso 11,1 chilometri. Quando ha segnato le due reti contro la Repubblica Democratica del Congo, Kane ha raggiunto gli 11,5. Ovviamente, sarebbe uno spreco limitarsi a dare un’occhiata a quella classifica. Bisognerebbe scorrere a lungo prima di trovare Messi, che supera a malapena i 6 chilometri a partita.

Il Mondiale dei ct in lizza, delle nazionali che si fanno valere nonostante abbiano meno prestigio e delle cifre come risposta a tutto è, in primo luogo, quello dei grandi campioni. Quelli di un tempo sono quelli di oggi. Le nuove promesse traggono ispirazione da loro, senza però soppiantarli. L’unico del gruppo dei fuoriclasse che a Qatar 2022 guardava tutto in televisione è Lamine Yamal, proprio colui che tra gli Under 23 coniuga al meglio tecnica e intelligenza. Messi, Mbappé, Dembélé, Kane e Vinicius c’erano e ci sono ancora. I Mondiali, una delle migliori invenzioni dell’umanità, si vendono da soli. Si promuovono grazie a loro. Come in quella presentazione dell’indimenticabile «Eroi del Messico 1986», le stelle aprono il film e ne sono i protagonisti. Poi, migliorano tutto ciò che li circonda.

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